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Recién llegado del viaje que lo llevó por España durante las últimas dos semanas de mayo, el expresidente José Mujica se reunió con parte de su "barra" y le comentó que durante la recorrida había sentido, como nunca, el rápido transcurrir del tiempo.

"Cuando me fui ya era viejo; ahora entré en la ancianidad", dijo Mujica, quien el 20 de mayo festejó su cumpleaños número 80 en la región vasca en la que nacieron sus antepasados. Sin dejar de hablar acerca de lo inevitable, Mujica agregó: "Me queda una sola bala de plata". Lo dijo sin abundar acerca del blanco al que dirigirá ese metafórico último disparo.

No obstante, en el Movimiento de Participación Popular (MPP) creen que esa "bala de plata" tiene que ver, entre otras cosas, con la necesidad de ganar una batalla en el interior del Frente Amplio que los periodistas y analistas han catalogado como la de los "dos equipos económicos".

Uno de esos equipos está conformado por "la fuerza que el Pepe construyó" y sus aliados. La otra está personificada por el ministro de Economía, Danilo Astori, dirigente de referencia obligada en el manejo de las finanzas de la izquierda en los años que lleva en el poder.

La línea de Astori (Frente Líber Seregni) se impuso sin demasiada oposición interna durante su primera experiencia al frente de la Economía del primer gobierno de Tabaré Vázquez; fue resistida durante la administración de Mujica, y por estos días parece haber retornado a su mayor poderío a partir, entre otras cosas, de una pauta salarial conservadora y de la paralización de las obras del ANTEL Arena.

Las corrientes que representan Mujica y Astori reciben diferentes nombres dependiendo del economista al que se consulte. Al líder del Frente Líber Seregni lo consideran desde "tecnócrata" a "socialdemócrata" y al exguerrillero lo tratan de "populista" o lo signan como propulsor de una más activa participación de las empresas públicas en las finanzas del país a partir de impulsos "desarrollistas".

Lo cierto es que Astori ha dispuesto en los últimos días un recorte de la inversión estatal que había marcado Mujica, y descartó cualquier posibilidad de echar mano a las reservas internacionales para financiar obra pública.


Públicamente, los astoristas consideran que esa opción es inconveniente. En privado la tildan de locura. El uso de reservas fue sugerido como posibilidad por parte del vicepresidente Raúl Sendic (Compromiso Frenteamplista) quien se encuentra en la difícil disyuntiva de no generar demasiados roces en el Poder Ejecutivo y, a la vez, colmar las expectativas de un mujiquismo que pone en el hijo de "El Bebe" parte de sus esperanzas futuras.

Frente al apego de Astori a la prudencia fiscal, Mujica busca que el Estado abra un poco más la mano y atienda a los sectores necesitados de la sociedad. Ante la ofensiva de Mujica, los astoristas afirman que la tendencia al exceso de gastos estatales siempre la pagan los pobres.


Por su lado, el exguerrillero reconoce que sus intereses no son los mismos que defiende Astori.
"Yo, mientras viva, voy a ser aliado de Astori, pero Astori representa a otra gente que es importantísimo tener en el Frente, y yo represento a otra gente. Es lógico que tengamos visiones distintas", dijo ayer Mujica en entrevista con el programa En Perspectiva de radio Oriental.

Además, dirigentes del MPP dijeron a El Observador que estarán alertas para combatir una especie de "visión oficial" vigente que postula que el gobierno de Mujica fue "desprolijo" y que la dupla Vázquez-Astori llegó para poner orden en el país. Los mujiquistas consideran que en base a la supuesta ineficacia de la pasada gestión de gobierno "se creó un relato" que ha permeado a buena parte de la sociedad y que es necesario echar por tierra.

En las historias de ficción, las balas de plata sirven para matar a los Hombre Lobo. Según ha dicho, son otras, y más reales, las acechanzas que Mujica quiere tumbar con su imaginaria munición de metal precioso.l

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