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En 1938 un inmigrante italiano, llamado José Lorenzi y procedente de la provincia de Trento, inició un emprendimiento en el barrio Pueblo Victoria (ubicado entre Capurro y La Teja). Se trató de la Fábrica Nacional de Cuchillos, que luego continuó su hijo Miguel, y que actualmente también lleva adelante su nieto, Gabriel, en un rubro donde pocos han logrado subsistir. Tanto es así que hoy se trata de la única fábrica uruguaya de cuchillos –única como fábrica en sí más allá de la existencia de artesanos individuales que fabrican cuchillos por su cuenta–. Si bien la actividad goza de buena salud tiene en el contrabando un duro escollo.

Ahora, instalados en Sayago bajo el nombre de Cuchillos del Uruguay Lorenzi (cuchillosdeluruguay.com.uy), Miguel se dedica a atender la parte de ventas, desde hace seis años cuentan con un showroom en Garzón 630, mientras Gabriel se encarga de la producción. El showroom tuvo una aceptación tan grande que decidieron anexar una tienda de campo “tanto para personas como para el caballo”. “Puede venir vestido de citadino y se va vestido de campero”, señaló Miguel Lorenzi. Hay planes de incorporar otros rubros como el orientado a los animales, pero por el momento prefieren consolidar el actual crecimiento.

Los cuchillos se comercializan en todo Uruguay, son reconocidos en Argentina y en el sur de Brasil, y mucha gente los adquiere para llevarlos de obsequio cuando viaja al exterior. En un momento llegaron a exportar pero las condiciones actuales de competitividad en el Mercosur no lo permiten, señaló Miguel Lorenzi, Igualmente son muchos los que vienen a buscar los productos a la frontera.

Hay en la empresa un esfuerzo especial por continuar uno de los principales conceptos del fundador: lo más importante es la marca. La garantía es de por vida –en cuchillos cuya duración se estima entre 50 y 70 años–. “Si un cuchillo de mi marca viene roto, lo cambiamos. Eso se da en muy pocas marcas en el mundo”, apuntó Miguel.

Explicaron que “es insostenible” el perjuicio que ocasiona el contrabando “que se realiza tanto desde Brasil como desde Argentina”, y que “lamentablemente no existe una respuesta” de parte del gobierno a un daño que “genera pérdida de fuentes de trabajo”. Igual, día a día llegan al taller para mantener enhiesta una tradición: fabricar cuchillos en forma artesanal.

Dureza flexible

Se utiliza como materia prima fundamental acero al carbono de alta gama, especial para la fabricación de artículos cortantes, que en su mayoría procede de Alemania, “lo que requiere una inversión elevada y variada considerando las fluctuaciones de los mercados”.

La cantidad de máquinas y equipos utilizados durante el proceso de elaboración no es menor: se destaca el martillo neumático, los hornos de forja y de temple, la maquinaria de desbastar y la de pulido y afilado.

Una visita de un día al taller permite ver buena parte del proceso, pero no todo, ya que se va realizando en diferentes etapas que se cumplen en distintos días.

Es difícil estimar el tiempo que demanda realizar un cuchillo artesanal pero un dato muestra a las claras que se trata de un manejo productivo minucioso: desde que se inicia el contacto con las materias primas hasta que queda listo hay 140 movimientos; en los extremos son fundamentales el forjado de la pieza y el pulido final. Miguel Lorenzi recordó que existen dos formas de trabajo: el forjado y templado de la pieza o el fundido directo, por el que se inclinan los fabricantes chinos y brasileños, pero “la calidad no es la misma”. “Todo buen cuchillo tiene que ser forjado. Junto al templado, resulta fundamental para lograr flexibilidad y dureza”, sentenció.

El 90% de los procedimientos de producción fueron inventados por el fundador, y sus sucesores se dedicaron a anexar maquinaria que pudiera abaratar los costos.

Los empresarios destacaron que sería muy importante que a nivel de la industria nacional se pueda elaborar el acero al carbono de alta gama que hoy se importa, porque los costos descenderían y habría más puestos de trabajo; no obstante, precisaron que llegado el caso habría que analizar la calidad de la materia prima obtenida, “ya que no todos los aceros son específicos para la confección de la cuchillería”.

El cuchillo ideal

Dicen que para cada persona hay “un cuchillo ideal”, elaborado “a la medida del cliente”, según el uso que le dará, que además puede ser variado, por ejemplo carnear o comer un asado. Es más, hay cuchillos conocidos como de “tres filos” que en uno de los extremos sirven hasta para hachar.

Las medidas de las hojas van desde 10 cm hasta 40 cm y se van extendiendo de a 2 cm. La terminación de los mangos se realiza con pastas y distintas maquinarias y los hay de guampa, asta de ciervo, madera y baquelita, entre otros.

Hace algunos años, el perfil del consumidor era el hombre de campo –también se trabajan cuchillos para la actividad militar–, pero en la actualidad se incorporó gente de la ciudad, por ejemplo quienes hacen regalos empresariales con el nombre o logo de la compañía.

Los precios pueden ir desde $ 540 a $ 20 mil (un cuchillo para uso normal está en los $ 1.500); aunque si un cliente pide un cuchillo con un cabo con $ 20 mil en oro, el taller lo fabrica.

La cuchillería artesanal uruguaya de alta gama “se encuentra dentro de los más altos estándares de calidad internacional de acuerdo a los conceptos de nuestros clientes”, afirmaron.

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