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El jingle de Luis Lacalle Pou se oyó ayer en tres versiones: balada, rock y cumbia. La que más gustó fue esta última. La bailó con movimientos exagerados su hermana, Pilar, la tarareó un poco confundida su madre, Julia, y la “agitaron” con banderas en todas las tribunas de un Palacio Peñarol repleto. También la cantaron unos 50 dirigentes que el candidato hizo sentar en el estrado, aunque muchos solo sabían el estribillo y en las estrofas movían los labios.

La versión cumbia fue furor en el lanzamiento oficial de la candidatura de Lacalle Pou a la Presidencia. Pero quizás lo más trascendente es que el diputado, que hoy lidera varias agrupaciones nacionalistas bajo el grupo Todos, procuró que hubiera jingle para los distintos gustos.

La primera parte de su discurso fue en esa sintonía. Abundaron la simbología nacionalista tradicional y las apelaciones al “querido y glorioso Partido Nacional”. Una vez más, se enorgulleció de haber logrado la confluencia de políticos de distino origen: los “herreristas doble tatuaje” de la tradicional 71 con los wilsonistas de la lista 40, “que se encandilaron con Wilson y no necesitaron nunca más otro líder”; la izquierda nacionalista representada en el Movimiento Nacional de Rocha de Carlos Julio Pereyra, y la izquierda exfrenteamplista, encarnada en la docente Graciela Bianchi. “Quién lo iba a decir...”, susurró el candidato.

Luego contó que hace unas semanas, en una recorrida por Rocha, Pereyra –“el menos joven del grupo”– le dijo algo que le quedó grabado: “Diputado, ¿se da cuenta de que con esto (la unión entre sus sectores) estamos cerrando 50 años de heridas del Partido Nacional?”. Para Lacalle Pou eso es muestra de que “en el Partido Nacional la gente siempre se junta”.

“Ustedes ahí, yo acá”

Luis Lacalle Herrera no formó parte del selecto grupo de dirigentes que presenciaron el acto desde el estrado, detrás del candidato. Tampoco cantó ni bailó el jingle de la campaña. El expresidente escuchó a su hijo desde abajo, en una cuarta fila de sillas, cerca de su familia pero lejos de las cámaras.

Gustavo Penadés y Gustavo Borsari se lo hicieron notar al principio del acto. Desde el estrado y ayudados con señas, le preguntaron: “¿Qué hacés ahí?”. Lacalle Herrera también respondió moviendo los labios: “Ustedes allá y yo acá”, les dijo muy serio, señalando el suelo.

Aun en ese rol secundario, tuvo sus segundos de reconocimiento cuando Lacalle Pou repasó la contribución de otros políticos. “Y cómo no... Y cómo no...”, dijo sin nombrarlo. Solo lo miró, y el Palacio Peñarol rompió en aplausos. El padre se puso de pie, saludó y les pidió a los fotógrafos que dejaran de prestarle atención.

En cambio, quienes cobraron más protagonismo fueron su esposa, Lorena Ponce de León, y sus hijos Luis, Violeta y Manuel. Lacalle Pou eligió aparecerse en el acto con ellos porque, según dijo, quiso que sus hijos grabaran en sus retinas “la dimensión de semejante reunión”. Manuel estaba a upa porque estaba enfermo, pero fue “obligado”. El candidato besó a su mujer y abrazó a sus hijos antes de quedarse solo frente a los militantes. Fue la imagen perfecta de familia feliz que no han mostrado otros candidatos.

“Contra el no se puede”

La segunda parte del discurso de Lacalle Pou consistió en repasar sus principales propuestas, tocar algunos temas de actualidad e insistir con que no es demasiado joven como para ser presidente.

“Estamos empecinados contra el no se puede. Venimos a gobernar y a gobernar bien”, afirmó. También dijo que “la changa no es para cualquiera”, pero advirtió: “No sentimos que haya que esperar, porque el país y el Partido Nacional nos llaman ahora”. Repitió algunos conceptos de los que se viene sirviendo para reafirmar esa idea. Dijo que aspira a ser “experto en lo nuevo” y que sigue el ejemplo del político estadounidense John Kennedy de rodearse de “gente más inteligente” que él.

Habló de educación. Dijo que el “pase social” (el pasaje de año a quienes no alcanzan la nota mínima) es “una actitud indigna” que si es presidente va a eliminar. Planteó la necesidad de “devolver el control al Ministerio de Educación y Cultura” y quitar poder al “corporativismo”. “Somos defensores de los sindicatos, pero no en el gobierno”.

Casi una hora duró la oratoria. Lacalle Pou se paseó en el estrado con calma pero no ocultó que estaba emocionado, y en algunos momentos se le fue la voz. No hizo reir pero supo encontrar los aplausos, y no olvidó terminar con el emblemático: “¡Viva el Partido Nacional!”.
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