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Ya lo había mencionado otras veces. Luis Lacalle Pou tiene resuelto qué hará el día siguiente al balotaje (que confía ganar): dormir, estar un rato en familia, salir a correr, preparar un mate a la tardecita, “el teléfono al rojo vivo” y, lápiz y papel en mano, empezar a gobernar. Pero ayer, en un desayuno organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) en el Club de Golf, el precandidato nacionalista hizo de ese día el centro de su discurso.

“Noticias recientes informan al mundo que en el año 2064 aparentemente el ser humano se va a poder teletransportar”, comenzó, haciendo referencia a una encuesta realizada entre estadounidenses de la que surge la esperanza de poder viajar al futuro en 50 años. “Y para que no nos agarre sin preparación, yo los voy a invitar a hacer un breve ejercicio en ese sentido, y me gustaría que nos concentremos en teletransportarnos al 1º de diciembre de este año”.

Ese día, aventuró Lacalle Pou, “David le termina ganando a Goliat”. “Yo sé que si ustedes hubieran apostado en el medio del desierto, quizás se quedaban sin un peso. Pero David le termina ganando a Goliat porque hizo una campaña de derribar muros mentales. Mientras algunos los construían, hablaban de ellos y de nosotros, hubo una fuerza que se atrevió a caminar hacia el distinto, a abrir los brazos a toda la ciudadanía, a no creerse dueño de la verdad”.

La teletransportación incluyó el anuncio de medidas concretas. Por ejemplo, “proceder a una decontaminación legal” y derogar miles de leyes que él, siendo diputado, detectó que están en desuso. Como el primer año de gobierno aún regirá la rendición de cuentas anterior, Lacalle Pou se limitó a ofrecer “no llenar” algunos cargos. Remitió a su agenda de gobierno para fundamentar cómo planea ahorrar “entre 400 y 500 millones de dólares con recortes simples”, y se comprometió a “pensar las causas de la inflación”. En eso entró su esposa al salón y se desconcentró: “Me acaba de cortar mi mujer la teletransportación”, bromeó.

Reconoció que ya tiene los nombres de sus 13 ministros, porque “cuando uno empieza a soñar”, surgen “rápidamente”. Solo quiso hacer público el de Pablo Da Silveira, a quien proyecta para el Ministerio de Educación, aunque en otra oportunidad, ante graduados de la Universidad de Montevideo, dijo que quiere al diputado Álvaro Delgado como ministro de Industria.

Ya sobre el final contó que la primera vez que se teletransportó y vislumbró su candidatura fue en abril de 2012, durante una charla con Luis Alberto Lacalle Herrera. Aquel intercambio duró 47 minutos, según dijo. “Fue la primera vez que con mi padre hablé 43 minutos yo”. Entonces “dibujó” los posibles escenarios y concluyó que “quizás había que adelantar los tiempos”. El expresidente solo habló para decirle que ya sabía a quién ofrecería la vicepresidencia. Y acertó.

Su agenda, su Biblia

La invitación a lo Julio Verne funcionó, al punto que a la hora de preguntar, algunos participantes admitieron haberse teletransportado. Fue un auditorio atento, que se mantuvo serio y en silencio prácticamente hasta el final.

Lacalle Pou no reveló nuevas propuestas ni sorprendió a quienes lo escuchan habitualmente. En cambio, optó por insistir sobre las ideas contenidas en los cuatro capítulos de su agenda de gobierno, que a esta altura son prácticamente su Biblia: los lleva a todos lados, los cita y recomienda su lectura.

Empezó con economía, siguió con educación y se explayó en seguridad. Este último tema lo dividió en cuatro items para explicar su plan: apoyo a la rebaja de la edad de imputabilidad, el fortalecimiento de la Policía, la intención de licitar “microcárceles granja” al estilo Campanero (en Minas), y el componente de “inclusión”. Avisó que quiere rediscutir el derecho que tienen los presos a no trabajar durante su reclusión.

Habló del plan Asentamiento Cero (“vilipendiado antes de nacer”) y advirtió que quiere “institucionalizar” el Plan Juntos del presidente José Mujica porque “está bien inspirado”.

Dejó a la vista que le apasiona todo lo relativo a logística, infraestructura y transporte; habló con solvencia y entusiasmo de rutas, puentes, puertos y cargas.

No quiso dejar de mencionar algunos grandes temas sobre los que no ha anunciado medidas innovadoras, como salud o reforma del Estado. Incluso cuando ya estaba advertido por exceso de tiempo, quiso leer el punteo que tenía anotado sobre energía, turismo y deporte.

Antes de terminar, luego de una hora y cuarto de oratoria, dejó de lado el teletransportador y volvió a su presente. Miró al auditorio con una sonrisa y soltó: “Quiero que vayan a votar, y que voten bien”.
Temas:

Decisión 2014

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