Las carreteras del país
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Hace poco tiempo se dio a conocer un estudio privado denominado Infraestructura 2030 acerca del cual el ingeniero Lucio Cáceres, su coordinador en el tema vial, publicó una nota en el último suplemento Economía & Mercado del diario El País. Es interesante reflexionar con respecto a algunas conclusiones que surgen de ese trabajo.
En primer lugar, queda claro que nuestra red vial se está deteriorando y para ver eso solo se necesita transitar por el país. Este deterioro viene de la mano de una mayor carga en las rutas (gracias a Dios).
En la última década el agro pasó de producir 7 a 21 millones de toneladas y de un insuficiente gasto en mantenimiento. El primer aspecto es súper positivo para el país; la expansión agrícola y la explosión forestal han creado riqueza en rincones donde no pasaba nada desde hace décadas, han dinamizado nuestras exportaciones, multiplicado los puestos de trabajo y generado toneladas de impuestos. Ojalá la producción del agro se vuelva a multiplicar por tres en la próxima década.
Ahora bien, esa producción (y no el transporte en automóvil porque un eje de camión rompe 5.000 veces más que un eje de auto) produce un desgaste que hay que reparar en la red vial.
¿Qué se está haciendo en este sentido y por qué se nos están deteriorando las carreteras y los caminos? Según el ingeniero Cáceres, antes de la última crisis en 1998/1999 se destinaba el 0,6% del PBI al mantenimiento de rutas, mientras que en este último período ese indicador bajó al 0,25%.
Se están gastando hoy los mismos millones de dólares en valores nominales que antes de la crisis, pero estos son dólares con la mitad del poder de compra, frente a una carga que se multiplicó por tres. Sería un milagro que nuestras rutas no se deterioraran.
Pero lo interesante es que durante el mismo período, o sea desde antes de la crisis 2001/2002 hasta ahora los impuestos se multiplicaron por cinco. Específicamente, hoy los impuestos que se cobran al transporte (impuestos al combustible, importación de vehículos y patente de rodados) suman unos US$ 1.100 millones anuales, mientras que a la reparación de la red vial se destinan menos de US$ 300 millones anuales cuando harían falta por lo menos US$ 100 millones más para aguantar las carreteras en buen estado.
Entonces resulta que el transporte paga 1.100 millones anuales pero esa plata en su enorme mayoría se va para otros usos y no para la red vial. A nivel de intendencias, cada 7 dólares que recaudan por tema transporte, vuelcan 1 a la red vial y a nivel nacional cada 3 dólares que se recaudan, solo vuelve 1 para las carreteras.
Y después hablan de “el que rompe, paga”, frase linda para justificar lo incorrecto e injustificable, o sea más y más y más impuestos. Lo clarísimo es que el que rompe ya pagó. Pagó 1.100 millones para tener las carreteras y caminos en muy buena condición pero esa plata se va para planes, subsidios, burocracia amiga y gastos estatales de nula productividad.
Lo que se precisa de una vez es destinar un porcentaje suficiente de los impuestos pagados por el transporte a recuperar primero y mejorar después nuestra red vial. No es aceptable la alianza vista en el tema ICIR entre intendencias y gobierno nacional para lisa y llanamente cobrar más impuestos.
Hay que usar mejor los altísimos impuestos que ya se cobran y un uso prioritario son las carreteras y caminos. Estamos pagando impuestos altísimos en comparación internacional y también en comparación con nuestro pasado; somos un país carísimo comparados con Europa o Estados Unidos, y la calidad de nuestra educación, nuestra seguridad, nuestro sistema de salud y nuestras carreteras deja muchísimo que desear.
Es hora de parar de cobrar más y más impuestos, y empezar a focalizar el esfuerzo en hacer que rindan más y mejores resultados de una buena vez.