¿Cómo era dedicarse al reciclaje en 1935 y cómo es ahora?
Hace 80 años había un Uruguay que tenía una industria metalúrgica muy desarrollada. Mis abuelos acopiaban materiales, los clasificaban y suministraban a la industria. Luego avanzaron un nivel porque ya no sólo recibían los metales sino que además los industrializaban: fabricaban lingotes de acuerdo a la demanda. Cuando cambia la economía nacional y mundial, comenzamos a competir con todo el mundo. Se empieza a traer materiales importados, y las industrias, que eran nuestros compradores, dejan de ser competitivas y cierran. Tuvimos que reconvertirnos de proveedora de la industria nacional a proveedora de la industria mundial.
¿Cómo hicieron para seguir el ritmo a los cambios?
Hemos estado siempre atentos, viajando, compartiendo con colegas de otros países, yendo a congresos de reciclaje en EEUU y en Europa. Las cosas que nos fueron sucediendo, como la caída de las industrias nacionales, nos llevaron a movernos rápido porque corríamos el riesgo de dejar de existir.
Ahí empezamos a hacer contactos en el exterior y a proveer a empresas en el extranjero, cuando todavía la comunicación no era lo que es hoy.
¿A qué países exportan?
A más de 10 en Asia, de Europa otro tanto, a América del Norte, a Brasil, y otros. Por el momento al único lugar al que no hemos llegado es África.
Hoy la cultura del reciclaje es mucho mayor, ¿cómo impacta esto?
Nos demanda más cantidad de metros cuadrados, de personal y mayor inversión en equipamiento, especialmente en lo que refiere al residuo electrónico.
¿Qué características tiene el residuo electrónico?
El volumen es cada vez mayor pero también son materiales que valen cada vez menos. Al principio pagábamos mucho por el residuo electrónico y hoy a veces tenemos que cobrar, porque el proceso de reciclaje hay que hacerlo igual. En países desarrollados el concepto está más claro y ya en el precio de venta se incluye un porcentaje que se destina al costo de reciclaje.
En una acción de responsabilidad social, instalamos una pequeña planta en la cárcel de Punta Rieles para reciclaje de residuo electrónico. Empezó a funcionar el 1º de junio.
¿Qué implica estar al frente de una empresa familiar?
Es un tema vocacional. Tiene que haber una transparencia completa. Es importante tener presente que cuando somos empresa, somos empresa, y cuando somos familia, somos familia.
¿Cuál es la fórmula para estar otros 80 años en el mercado?
Estar atentos a lo que sucede en el mundo en cuanto a consumo. Tenemos mentalidad industrial, somos de esos bichos raros en Uruguay. Seguimos invirtiendo en maquinaria, en tecnología. Parece una cosa loca en Uruguay, pero lo tenemos en el ADN.