Las mil caras de Beck Hansen
El músico estadounidense hizo despliegue de su esquizofrenia musical y se lució con sus temas más acústicos para luego pasar sin escalas a sus éxitos contagiosos
En este último año Beck estuvo ocupado. Lanzó en diciembre Song Reader, realizó shows en vivo en solitario, y acústicos, y también junto a su banda. En julio, y acompañado de invitados estelares, como Jarvis Cocker y Franz Ferdinand, presentó oficialmente los temas de Song Reader. Unos meses después lanzó tres singles nuevos, y dejó entrever un posible nuevo trabajo.
Por eso, cuando se conoció la noticia de que el músico visitaría Uruguay, la pregunta fue: ¿cuál de todos los Beck vendría? ¿El cantante folk que podría verse reflejado en su próximo disco, Morning Phase? ¿El bailarín de éxitos contagiosos? ¿En solitario o con la excelente banda de viejos amigos?
Lo cierto fue que vino un poco de cada uno. Si bien llegó con su banda (Justin Meldal-Johnsen en bajo, Joey Waronker, en batería, el tecladista Roger Manning y el guitarrista Smokey Hormel), Beck comenzó el show con cuatro canciones acústicas para luego hilvanar un show por sobre todo distorsionado.
En sus shows anteriores dejó en evidencia una gran inclinación hacia su viejo catálogo de hits, pero aquí en Montevideo, en el marco de un teatro –un ambiente que le queda como anillo al dedo– y siendo la primera vez que visitaba el país, Beck fue generoso. Abrió su catálogo, exploró todos sus discos y también, desempolvó a través de versiones, algunos clásicos de 1970 y 1980.
De esta manera, vino el Beck que con su versión acústica de Loser supo deslumbrar al público del Newport Folk Festival, un evento dedicado pura y exclusivamente al género, y también el que hizo bailar a los hipsters de Brooklyn con sus hits durante su show en Prospect Park. El Beck que canaliza el blues del Mississipi y destroza la armónica con Fourteen Rivers Fourteen Floods y el de Novocane, donde rapea con su flow cansino y hace un solo de guitarra “como los de 1986”, a puro ruido y velocidad. Vino también el güero que canta en spanglish y el que se lamenta de que su amada se haya convertido en una causa perdida.
Toda esta esquizofrenia musical solo tiene sentido cuando es Beck el que la lleva como estandarte, y la lució aquí con un setlist de 23 canciones y un show de un poco más de hora y media de duración.
En esa pequeña fracción de tiempo, como guía turístico, pidió que el público lo acompañara a un viaje express desde Bangkok a Texas. Pero en realidad ese show que unas 1.000 personas vieron en el teatro Metro fue un viaje dentro de la mente de un artista que necesita armarse de todas esas personalidades para mostrar su esencia.