Para Venezuela, Estados Unidos es el simbolo del demonio, pero este primero de mayo la embajadora norteamericana Julissa Reynoso bromeó y departió amablemente con su par venezolano Julio Chirino.
A su vez, la princesa Laetitia Darenberg le sonrió y fotografió al empresario Enrique Espert, dos personajes pertenecientes a mundos muy distantes.
En tanto, el empresario propietario del diario La República Gustavo Yocca, quien anunció que no participará de los consejos de salarios, compartió el asado con una troupe de dirigentes sindicales.
Y el presidente del Banco República, Fernando Calloia, probó de la misma carne y comió en una mesa cercana al empresario Juan Carlos López Mena, a quien hace unos meses tuvo que presionar para que pagara el aval por el negocio de Pluna.
Para algunos una mezcolanza insólita, para otros un ejemplo de tolerancia.