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Las seis cosas que nos dan más asco (y por qué nos protegen de las enfermedades)

La repulsión hacia la falta de higiene o los comportamientos sexuales promiscuos está relacionada con amenazas que ocurrían con frecuencia en el pasado.

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04 de junio de 2018 a las 20:31

A nadie le gusta sentir asco, pero sentir repugnancia por ciertas cosas también tiene sus beneficios.

Según científicos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM, por sus siglas en inglés), emociones intensas como el asco y la repulsión son respuestas evolutivas que hemos desarrollado para protegernos de patógenos y otros tipos de amenazas infecciosas.

"Aunque ya sabíamos que sentir asco es bueno para nosotros, gracias a este estudio hemos podido comprobar que el sistema de asco humano está estructurado en torno a las personas, las prácticas y los objetos que presentan un riesgo de enfermedad", dice la experta en asco Val Curtis.

Los científicos entrevistaron a más de 2.500 personas y les dieron a elegir entre 75 escenarios potencialmente repugnantes, como sentarse al lado de alguien con una infección evidente en el ojo, utilizar el desodorante de otra persona por error o notar pequeños puntos rojos en los genitales de tu pareja.

Escuchar a alguien defecar, sentir el lamido de un perro callejero o sentarse al lado de una persona que está vomitando en un avión también fueron algunas de las opciones a elegir.

Los participantes tuvieron que puntuar cada caso desde "es poco asqueroso" a "es muy asqueroso".

Las seis categorías


Los científicos analizaron las respuestas e identificaron los seis casos que producen más asco entre las personas.

Estos son: evidencia física de comportamiento antihigiénico, animales o insectos como las cucarachas o ratones, comportamientos sexuales promiscuos, las personas con apariencias atípicas, heridas infectadas o lesiones y ver u oler comida caducada.

De todas las opciones a elegir, las heridas infectadas que producen pus fueron calificadas como lo más repugnante.

El estudio también muestra que violar normas de higiene, como tener un mal olor corporal, es considerado particularmente desagradable.

Los resultados también señalan que las mujeres sienten más asco hacia estas seis categorías que los hombres.

En especial, las mujeres consideraron particularmente repugnante los comportamientos sexuales promiscuos y los animales portadores de infecciones.

Asco
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Uno de los resultados que más llaman la atención es el asco hacia personas que tienen apariencias atípicas.

Apariencias atípicas


Uno de los resultados que más llaman la atención es el asco hacia personas que tienen apariencias atípicas.

La experta en asco Val Curtis explicó a la BBC que cada categoría está relacionada con amenazas que ocurrían con frecuencia en nuestro pasado.

Históricamente, comer alimentos podridos podía resultar en un brote de cólera, mientras que el contacto con personas antihigiénicas podía transmitir la lepra.

Las prácticas sexuales promiscuas podían ponerte en riesgo de sífilis y el contacto con heridas abiertas podían hacerte enfermar de peste o viruela.

Val Curtis explica que las personas de apariencia distinta, por ejemplo con deformidades, en un pasado daban a entender que podían transmitir enfermedades infecciosas. De hecho, subconscientemente seguimos relacionando ciertas apariencias físicas con riesgos de infección.

"El otro día estaba en el tren cuando vi a una mujer con una erupción cutánea bastante llamativa y el asiento a su lado estaba vacío. Es una reacción instintiva, porque enfermedades como la lepra han sido erradicadas y esta persona no presenta riesgo de infección", explica la experta.

Beneficios

Es por este motivo por lo que resulta beneficioso saber qué nos produce asco y por qué.

Los científicos apuntan que estos resultados podrían ayudar a la hora de diseñar estrategias de salud pública, por ejemplo para alentar el lavado de manos con jabón o para contrarrestar el estigma asociado con ciertas deformidades.

"Es muy importante que entendamos cómo funcionan estas emociones", dice la experta Val Curtis.

"Si identificamos qué promueve el asco podemos tener un verdadero impacto en la salud de las personas".



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