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Hace 54 años, el drama del Premio Nobel de Literatura Eugene O´Neil, Deseo bajo los Olmos, llegaba a la gran pantalla de la mano del director estadounidense Delbert Mann con Sophia Loren como protagonista. Ahora la pieza, escrita en 1923, podrá verse en Espacio Palermo bajo la dirección de Roberto Jones.

La nueva puesta, que permanecerá solo por 20 funciones, gira en torno al vuelco que sufren los habitantes de una casona apartada del mundo, cuando Ephraim Cabot, un hombre viudo, despótico y de tortazo fácil, decide casarse por tercera vez para desheredar a sus hijos y dejarlos en la ruina.

Los hijos mayores Peter y Simon, (interpretados por Alejandro Martínez Savio y Federico Longo, deciden irse a buscar oro a California, pero el más chico Eben (Rodrigo Garmendia) se queda, dispuesto a recuperar la granja que, según él, siempre perteneció a su madre, la segunda esposa de Cabot. El conflicto se desata con el ingreso a escena de la tercera esposa Abbie (María Mendive) de la que Eben se enamora perdidamente.

En este drama O’Neill explora la angustia de la desilusión y la sensación de sentirse débiles ante una fuerza opresora, introduciendo personajes con existencias opacas y rutinarias a los que carga de sueños que aunque parezcan próximos a cumplirse siempre terminan derrumbándose.

En varias oportunidades, la obra fue comparada por la crítica con una tragedia griega por la profundidad de las pasiones de sus personajes y lo terrible de sus consecuencias. También porque carece de villanos y de héroes y por su predominancia de combates y conquistas.

La acción transcurre en un lugar no localizado, inconcreto, en una casa aislada y transitada por un aire irrespirable que sólo mueve las ramas de unos olmos milenarios, que parecieran más vivos que sus propios dueños.

El equipo técnico de la puesta en escena de Jones está a cargo de Diego Aguirregaray (escenografía y vestuario), Martín Blanchet (iluminación) y Fernando Ulivi (ambientación sonora).

Sobre el autor
Eugene O´ Neill consiguió el Premio Nobel de Literatura en 1936 y cuatro veces el Premio Pulitzer por Más allá del horizonte (1920), Anna Christie (1922), Extraño Interludio (1928) y Largo viaje hacia la noche (1957).

El autor neoyorkino dejó una huella profunda en el realismo dramático que ya habían iniciado Antón Chéjov, Henrik Ibsen, y August Strindberg en el teatro estadounidense. En general, sus obras cuentan con personajes que viven en los márgenes de la sociedad, y que luchan por mantener sus esperanzas y aspiraciones, aunque suelen acabar desilusionados y cayendo en la desesperación.
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