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Clase y corazón fue lo que le sobró este sábado a la selección en Sochi frente a Portugal. Clase para elaborar la jugada del primer gol y para la definición del segundo. Corazón para aguantar el partido, para no claudicar, para sufrir metidos atrás pero levantarse del empate cuando parecía que todo se iba al traste. Así ganó Uruguay y así se metió entre las ocho mejores selecciones del mundo.

El otro día contra Rusia fue raro ver que Uruguay ganara con tanta facilidad porque el sufrimiento está en el ADN del fútbol uruguayo. El gol rápido hizo que el partido se hiciera demasiado largo y se defendiera demasiado atrás en casi todo el segundo tiempo. Pero siempre apareció la cabeza de Godín, la de Josema, el corte justo de Torreira, el cierre de Nández o Cáceres en el primer tiempo y el crecimiento de Laxalt en el complemento.

¿Cómo se marca a Cristiano Ronaldo? Fue la pregunta que se hizo todo Uruguay desde el mismo momento en que se supo que Portugal sería el rival de Uruguay en octavos de final. Todos opinaron, desde un entrenador hasta la gente en la calle y también los periodistas. El libro se abrió: Lo mejor es hacerle marca al hombre; no, hay que marcarlo en zona. En la cancha, los celestes lo hicieron de manera notable. Apareció poco el delantero del Real Madrid. Siempre tuvo a Torreira cerca, acompañado por uno o dos más según por donde recibiera la pelota. Y en los tiros de esquina fue de Godín.

Tabárez armó el mismo equipo que contra Rusia, con el único cambio de Josema Giménez por Coates. El orden táctico fue similar en el mediocampo. Torreira de vértice atrasado, Nández y Vecino a sus costados, Bentancur un poco más arriba. Allá adelante, Suárez y Cavani. Y todos, todos, dejando hasta la última gota de sudor para marcar, para ocupar espacios, para no regalar un centímetro de cancha. Lo que corrió Cavani fue impresionante. No solamente hizo los goles, sino que también retrocedió hasta su propia área para colaborar en la recuperación.

También resultó clave la concentración en la marca. Solo una falta cometió Uruguay cerca del área. Fue Bentancur contra Goncalo Guedes, pero el tiro libre de Cristiano rebotó en la barrera y Torreira la sacó de chilena bien lejos. Después CR7 no tuvo otras oportunidades para demostrar su habilidad en la pelota quieta como lo hizo en el último minuto frente a España.

El primer gol uruguayo fue una gran jugada. Por el cambio de frente de Cavani a Suárez, por el enganche y el centro perfecto de Suárez para el golpe de cabeza (o de hombro, no es tan importante ahora) de Cavani. La mente y las piernas estaban frescas. Después Uruguay no tuvo tantas oportunidades, pero hasta el descanso controló el partido lejos de Muslera.

Se retrajo en el comienzo del segundo tiempo. Quizá demasiado. Y así llegó el gol portugués con un cabezazo del zaguero Pepe tras un córner. Se juntó con Cristiano y quedó solo, sin marcas, para vencer a Muslera. Uno de los pocos errores defensivos, el otro lo cometió Muslera cuando se le escapó una pelota y propició un remate alto de Bernardo Silva. Después fue una completa solidez.

Un pase largo, un toque de Bentancur y una exquisitez de Cavani sacó a Uruguay de lo que podía ser un suplicio. Es lo que tiene esta selección, la solidaridad para jugar como equipo pero también las individualidades que te dan vuelta cualquier resultado. A veces es Suárez, este sábado fue Cavani.

Uruguay se metió en cuartos de final. Sin tener una mega estrella como Cristiano o como Messi. Sin jugar como juega Francia. Lo hizo a la uruguaya: dejando el alma en cada pelota, sin renunciar jamás al esfuerzo y con la clase (más el corazón y el esfuerzo) de sus delanteros.

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