Lo que los trae por primera vez a Montevideo no es la excusa del baile, como si sucedió con la llegada de Fatboy Slim en 2013, sino la salida de su último álbum tras cinco años, Born in the Echoes, una excelente demostración de por qué 20 años después de su gran debut, Tom Rowlands y Ed Simons no tienen absolutamente nada que envidiarle a los nuevos talentos de la electrónica, que se llevan los titulares pero no tanto los laureles.
Beats rockeros
El laboratorio de The Chemical Brothers se compone de varios elementos que combinados producen una bomba de energía atómica. Están en primera instancia los sampleos: pequeñas porciones de sonido originarios del rock, el hip hop, la electrónica o el jazz; baterías y beats que no se toman descanso; bajos que se alojan en el centro del cuerpo.
The Chemical Brothers comenzaron haciendo bailar codo a codo en boliches ingleses, pero se graduaron a escenarios y festivales gracias, primero a sus remixes y luego a su primer
disco,
Exit Planet Dust (1995).
El éxito vino de la mano con colaboraciones de alto perfil, con artistas como Noel Gallagher (Setting Sun y Let Forever Be), el rapero Q-Tip (Galvanize y Go), la banda inglesa The Klaxons (All Rights Reversed), y en su nuevo disco, Beck (Wide Open) y la cantante y guitarrista alternativa St. Vincent (Under Neon Lights).
Previo a su gran regreso con
Born in the Echoes, el dúo experimentó en el rubro cinematográfico, con la creación de la banda sonora de
Hanna (2011) y su colaboración en la música de
Los juegos del hambre: Sinsajo - Parte 1 en el tema
This Is Not a Game junto a Lorde y el cantante de R&B Miguel.
El arsenal que traerán al Velódromo Municipal se promete implacable y es seguro que dará en el blanco.