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Naturalmente la lluvia es portadora de liberación y melancolía. No es casualidad que existan cientos de canciones inspiradas en ella. Desde los cantantes más pop como Madonna (Rain) o Prince (Purple Rain) hasta los más melancólicos como Joan Manuel Serrat(Tiempos de lluvia), hasta varios estadios intermedios como Creedence Clearwater Revival (Have you ever seen the Rain) o los más oscuros como Los Traidores (La lluvia cae sobre Montevideo) tuvieron la necesidad en algún momento de dedicarle algunas líneas a ese fenómeno natural que tiene el don de la transportación. El clown y dramaturgo suizo Daniele Finzi Pasca no fue la excepción.

Claro que algunas lluvias tienen la capacidad de hacer volar la imaginación, y tras su retirada dejan un arcoiris en el interior de las personas. Sin temor a resultar cursi, así podría definirse a la que pasó por el Teatro Solís entre el jueves y el domingo pasados.

El espectáculo Rain, ideado por Finzi Pasca por encargo de Círque Éloize, puede definirse como un diluvio de placer multicolor, capaz de distinguirse de cualquier espectáculo circense corriente.

Su clave parte desde la concepción misma del espectáculo, que no se pliega sin cuestionamientos a la vieja corriente circense según la cual la única consigna posible es exhibir lo difícil y aparentemente imposible. Aquí lo más sorprendente no es la dificultad de una acrobacia, sino la estética y la integridad de cada uno de los artistas que están sobre el escenario.

Da la impresión que las magníficas piruetas fueran solo un medio para despertar emociones complejas y transportar al espectador a un universo onírico en estado puro, a soñar en vida lo imposible, como solo un niño es capaz de hacer. Pero…¿Es tan así? ¿Solo un niño es capaz de vivir sus sueños?

Parece que Rain precisamente viene a romper esa premisa adulta, y quizá sea ello lo que provoque a las almas pasadas de canas un intenso nudo en la garganta cuando finaliza la función.

También ayuda la continua evocación a la mirada lúdica infantil, a esa época en la que un picadito de fútbol bajo lluvia o el acceso al “cielo” de la rayuela, eran sinónimo de vida o muerte.

Rain se desarrolla en un teatro donde un espectáculo de circo se está ensayando, donde ficción y realidad se confunden. El recurso permite que los errores sean bienvenidos. El hecho de que los artistas reaccionen con naturalidad a los imprevistos los vuelve más humanos y permite una mayor identificación con el público.

Dividido en dos actos, el primero mantiene una estética de varietés más propia del siglo pasado, mientras que la segunda ofrece estéticas más contemporáneas. De cualquier manera, en todo momento, imágenes clásicas del circo (gags de golpes, contorsionismos, habilidades sobre telas y aros) son resignificadas con una forma más teatral de moverse sobre el escenario.

Probablemente uno de los sellos más distintivos del autor en Rain radique en la concepción de un artista-acróbata. Así, la mujer elástica no queda reducida a este rol y es capaz de encandilar tanto por la magistralidad de sus movimientos como por la emotividad de su canto. También así los otros 12 artistas que entran en escena y que son capaces de hacer acrobacias, cantar y tocar instrumentos.

La música ocupa un lugar central a la hora de transportar al espectador. Canciones afrancesadas de cabaret, tarantellas o himnos cosacos muestran un universo que trasciende fronteras como los propios sueños.

La razón de ser

Rain es también un ensayo sobre el circo mismo. Hay en cada número una broma respecto a sus códigos históricos. “¿Alguien puede decirme por qué es todo tan complicado?”, pregunta al público una de las artistas en la mitad del primer acto. La respuesta: una lluvia de botas aplastantes.

Y es que el espectador no está ante un espectáculo de circo tradicional. Sobre el escenario también se desatará un inteligente teatro de absurdo, en gran sintonía con la filosofía de su autor.

“Si tú quieres maldecir a alguien que quiere ser clown y no te cae simpático, es tan fácil… Son suficientes algunos consejos: encuentra un nombre cortito para tu personaje, aprende a inflar globos, ya que a los niños les encanta, y trata de decir muy seguido “mierda” porque los pequeños se divierten con la mala palabra”.

De esta antidefinición de clown que es vertida por Daniel Finzi Pasca en el libro Teatro de la caricia, del uruguayo Facundo Ponce de León, en Rain, no se vio nada, sino el universo que es posible cuando se busca todo lo contrario. Rain, ante todo permitió a los espectadores un pasaporte a la intensidad de la inocencia. En este sentido: ¿Hay algo más que se le pueda pedir?

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