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La imagen de Ghiggia encarando hacia el área rival, en el tráiler de Maracaná, es tan distinta de todo lo que se había visto hasta ahora que hasta da miedo de que decida mandar el centro y Barboza se lo corte. Pero por suerte –y a riesgo de revelarle una parte esencial de la trama a algún distraído– eso no sucede: Ghiggia la pone al primer palo y es gol de Uruguay, que termina ganando 2 a 1, sale campeón y consuma la hazaña deportiva más espectacular del deporte mundial.

Pero, ¿de dónde salió esa imagen nueva? Es parte de una historia de tres años de investigación de los directores Varela y Bednarik, cuyo resultado se estrenará el 12 de marzo en el Estadio Centenario. Las imágenes oficiales, en cinta de 35 milímetros, blanco y negro, del Mundial de Brasil, se quemaron en la década de 1960, y por eso es que todo lo que se puede ver de Maracaná son cuatro o cinco imágenes borrosas. Resulta, sin embargo, que Cinemateca Uruguaya tenía copias de parte de ese material que se quemó: siete latas, de 10 minutos cada una, sobre incidencias del partido, reacciones en la tribuna, saludos y festejos.

Los realizadores accedieron a ese material y lo digitalizaron en Buenos Aires. No solo recuperaron la historia sino que fueron capaces de reencuadrarla, fotograma por fotograma. De esa manera, es posible ver al puntero uruguayo como si estuviera solo contra el destino, dar un vistazo rápido al arco, volver con la vista a la pelota, aprontar el pie derecho y entrar para siempre en la mejor historia del fútbol.

El momento en que vieron el material en la sede de Cinemateca en la calle Carnelli fue muy emotivo. Esas imágenes, que se creían perdidas, no solo no lo estaban sino que tenían muy buena calidad. Lo demás fue llevarlas a Metrovisión, en Buenos Aires, digitalizar y escanear, plano a plano, y jerarquizar el sector del encuadre que mejor se adecuara al guión.

“Nunca habíamos hecho algo parecido”, dice Bednarik, quien sabía que el director estadounidense Martin Scorsese había hecho un trabajo similar en su faceta de restaurador.

Más vale tarde

No es fácil conjeturar por qué tomó tanto tiempo llevar al cine un documento tan esencial de la historia deportiva uruguaya. Según Bednarik, se debe a las carencias del cine uruguayo en general, que “no ha abordado la historia del siglo XX”.

Los realizadores de Maracaná ya habían abordado el tema del fútbol en Mundialito, una película de 2010 sobre el campeonato de campeones del mundo que se hizo en Uruguay en 1980, en el marco de la dictadura militar. “En ese momento nos preguntábamos por qué no se había hecho nada sobre Maracaná, y decidimos hacerlo nosotros”.

El encare fue similar al de Mundialito, en el sentido de que a los realizadores les importaba el marco social, además del deportivo, y en este caso no solo el de Uruguay sino también el de Brasil. El filme tuvo como punto de partida el libro del periodista Atilio Garrido, Maracaná, la historia secreta, un trabajo con una documentación formidable, que se escapa de la leyenda para entrar en la historia, narrada minucia por minucia.

Los directores cuentan que a partir de ahí realizaron su propia investigación, con entrevistas que aunque no forman parte de la película fueron dando contenido a la historia.

El material del que dispusieron, además de las siete latas de Cinemateca, es el que filmó Nóbel Valentini, “una especie de Gorzy de la época”, según lo define Bednarik. Se trata de un exárbitro que tenía una gran intimidad con la delegación celeste e imágenes de partidos vistos desde la tribuna y desde el nivel de la cancha. La cinta también cuenta con imágenes de los informativos de cine de la época, también gracias a Cinemateca, y las conseguidas en Brasil, que le proveen ese entorno social que los realizadores juzgan indispensable.

La idea de la película es documentar esa historia tan particular de la manera más objetiva posible y desde la perspectiva de ambos países. De hecho, es una coproducción uruguayo-brasileña, en la que participa la productora de Bednarik y Varela, Coral Cine, junto a la empresa uruguaya Tenfield SA y la brasileña Arissas Multimidia.

Bednarik entiende que la película es “emotiva pero no camisetera”, y que “no tiene ninguna vinculación contemporánea”. El hecho de que se lance a tres meses del inicio de un nuevo Mundial en Brasil “a nivel de promoción nos favorece, pero es una coincidencia. Habíamos decidido la fecha y no sabíamos si Uruguay se iba a clasificar”.

Andrés Varela (sin parentesco con Obdulio) cuenta que en Brasil fueron muy bien recibidos y hubo una gran colaboración: “Quedaron muy impresionados con las imágenes que habíamos conseguido; no podían creer que tuviéramos ese material”. También hay expectativa en el país norteño sobre el estreno de la película, que sucederá, según estiman sus autores, unas tres semanas antes de que empiece el Mundial, en varias salas.

Expertos brasileños hicieron aportes muy valiosos, como el historiador y sociólogo Boris Fausto y el periodista de la Red Globo, Joao Maximo.

La película cuenta con los testimonios, en cámara o en off, de los protagonistas de la gesta, como el director técnico de Brasil, que dice, con referencia a la actitud del público en el estadio cuando Uruguay hace el segundo gol: “Yo creo que nunca hubo un silencio más grande que aquel que oí”.

Los testimonios de los uruguayos también están, fragmentos de distintas épocas de aquellos gladiadores, incluido Obdulio Varela, el jefe, que dice: “Y somos así. Somos así, somos rebeldes”.

El punto de vista de la película salta de los protagonistas uruguayos y brasileños a la situación política y social del país norteño en aquel entonces, en clima de elecciones, con el imperativo moral de ganar.

Que se repita

Tanto a Bednarik como a Varela les encantaría que Uruguay volviera a salir campeón, por supuesto, pero Varela cree que la hazaña de Maracaná no se puede replicar: “Podemos ganar, pero yo creo que la mística de Maracaná es irrepetible”, afirma. “Esos jugadores, que poco antes del Mundial habían hecho una huelga y habían vuelto a trabajar en la construcción, son difíciles de comparar con los profesionales de hoy. Ahora es todo mucho más parejo: puede ganar cualquiera”, sostiene.

Bednarik, por su parte, cree que una de las lecciones de la gesta de Maracaná es que “nada está escrito” y añadió: “Tengo esperanzas de que Uruguay salga campeón otra vez este año”. El realizador piensa llevar a su hijo de 16 años al partido contra Inglaterra, en San Pablo, como para que tenga la oportunidad de ver la historia en vivo y en directo.
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