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Hay objetos que poseen cualidades narrativas intrínsecas, que basta poner un ojo en ellos para que cuentan su esencia. detrás o.

Si estos objetos son posesiones de niños, entonces la historia toma rasgos emotivos especiales, porque en la mayoría de los casos un juguete es la expresión material de un deseo.

Con esta rica materia prima en mente, el fotógrafo italiano Gabriele Galimberti realizó un hermoso proyecto denominado Toy stories.

Su objetivo era simple pero ambiocioso: captar imágenes de niños alrededor del mundo con sus objetos más preciados.

La investigación le llevó más de 18 meses de duración y cientos de miles de kilómetros, ya que recorrió los cinco continentes y dentro de ellos países periféricos, como Letonia, Zambia o la isla de Malta.

También hay niños de ciudades de China, niños de pueblos en Estados Unidos, niños de Camerún, en fin, niños de todo el orbe.

Cada juguete está asociado al niño retratado. Cada risa dice cosas, cada risa refleja el orgullo de lo que el pequeño le muestra a la lente del fotógrafo.

Desde una niña sueca que sonríe con una trompeta de metal, en un amplio cuarto lleno de sol nórdica, a una niña de Botsuana con trencitas que tiene en primer plano un solitario mono de peluche, la ternura y la capacidad de emoción atraviesan la mirada de Galimberti.

Las diferencias geográficas, económicas, sociales y culturales entre los niños fotografiados son muchísimas, “pero a esa edad sus deseos son casi los mismos”, dice Galimberti.

“Los niños ricos eran mucho más posesivos que los niños pobres. Al principio no querían que me acercara ni que tocara a sus juguetes. En los países pobres fue más fácil. En los países africanos, los niños tienen pocos juguetes y la mayor parte del día juegan con sus amigos afuera”, cuenta Galimberti en su página web.

En la abundancia o en la necesidad, los niños ponen su mejor sonrisa. Sus juguetes son una parte de sus vidas. Son su primera forma de interactuar con la realidad.
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