Los habitantes de Tombuctú, enclave histórico de la ruta comercial transahariana declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, creyeron que era una intimidación más cuando los yihadistas que operan en Malí anunciaron el bloqueo de la ciudad, también conocida como “La perla del desierto”.
"Pensábamos que eran sólo amenazas lanzadas para sembrar psicosis", cuenta Abdul Aziz Mohamed Yehiya, un representante de la sociedad civil. "Pero lo que estamos viviendo ahora es exactamente un bloqueo", dice el hombre.
El Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM), una alianza yihadista afiliada a la red Al Qaida y en lucha desde hace años contra el Estado maliense, anunció en varios mensajes lanzados en agosto último que declaraba "la guerra en la región de Tombuctú".
Uno de los comandantes locales de la organización, Talha Abu Hind, advirtió que en virtud de la declaración los camiones procedentes de Argelia, Mauritania y otros países de la región ya no podrían entrar en la zona, y que los que lo hicieran serían "atacados y quemados".
Desde entonces, la ciudad, situada a siete kilómetros del río Níger y capital de la región homónima, languidece, pese a haber sido la capital intelectual y espiritual del Islam en toda África durante los siglos XV y XVI, y de acoger varias escuelas religiosas, además de la prestigiosa Universidad de Sankore, considerada la primera del mundo.
Los testimonios dan cuentan en qué se ha convertido la vida cotidiana para las decenas de miles de habitantes de una zona con una historia y un patrimonio multiseculares, y en la que los camiones ya no ingresan, los pobladores arriesgan sus vidas al salir de sus casa y en donde escasean los productos de primera necesidad.
Algunos habitantes hablan a cara descubierta, y otros piden anonimato. Uno de ellos, recién regresado a Tombuctú en motocicleta, cuenta que en la carretera era prácticamente el único viajero. "Sólo vi yihadistas fuertemente armados con ametralladoras en moto", asegura el joven, que prefiere no ser identificado.
La peligrosidad de la carretera, casi la única que une Tombuctú con Bamoko, la capital del país, hizo en una primera instancias que el comercio y el transporte de personas se desviara hacia rutas alternativas localizadas al sur del río Níger. Sin embargo, la opción se cerró luego que el 7 de septiembre los yihadistas atacaran un ferry y mataran a decenas de civiles. La navegación quedó suspendida hasta nueva orden.
A fines del siglo XIX, Malí cayó bajo el control de Francia, pasando a formar parte del Sudán francés. En 1959 consiguió su independencia. Hoy, Tombuctú, fundada por los tuaregs, un pueblo bereber de tradición nómada que se extiende por Argelia, Libia, Níger, Malí, Mauritania y Burkina Faso, enfrenta no sólo la amenaza de los yihadistas.
Situada muy próxima al desierto, la ciudad afronta fuertes tormentas de arena. Además, debido a su proximidad al río Níger, sufre las crecidas del curso, que dejan a la ciudad completamente aislada. Cuando esto ocurre, tan sólo se puede acceder a ella o abandonarla por medio del transporte fluvial o cruzando el desierto.
La frágil situación se ve agravada por el boqueo. Sky Mali, la única empresa de transporte aéreo que opera en Tombuctú suspendió sus vuelos luego que un ataque con obuses hiciera blanco en el perímetro del pequeño aeropuerto local. Según los observadores locales, los yihadistas han extendido su influencia a las zonas rurales alrededor de la ciudad, no tanto para apoderarse de ella, sino para aumentar la presión sobre el Estado.
La junta militar, que afronta problemas de seguridad en casi todo el país, minimiza los efectos del bloqueo, al que no se refiere con ese término. En ese sentido, el primer ministro, Choguel Kokalla Maiga, exaltó la resiliencia de los lugareños en un encuentro a principios de mes con representantes de Tombuctú. "Durante un momento, hay que sacrificarlo todo para invertir la tendencia. Y eso se hace con dolor", dijo Maiga ante la resignada mirada de la delegación.
"Sólo hay camiones aparcados. No pueden ni moverse. Ahora mismo no entra ningún camión en Tombuctú", cuenta Umar Baraka, presidente de una asociación juvenil. "Estamos en crisis. Falta azúcar, leche, aceite y harina”, agrega Baba Mohamed, un pequeño comerciante. "Si la cosa sigue así tendrán que cerrar muchas tiendas", añade inquieto.
Como era de esperar, la escasez de productos básicos disparó la especulación. "El litro de gasolina cuesta hoy unos dos dólares, mientras que antes se pagaba casi por la mitad", relata Umar Baraka, también residente de Tombuctú. "La situación es insostenible, la población está sufriendo", agrega Abdul Aziz Mohamed Yehiya, figura destacada de la sociedad civil.
Por lo pronto, la inseguridad arrecia en los alrededores de Tombuctú, también conocida como “la ciudad de los 333 santos”. El domingo pasado, cinco soldados malienses murieron y 11 desaparecieron tras un ataque a dos campamentos militares al suroeste de la ciudad, hecho reivindicado por una alianza de grupos de composición mayoritaria tuareg.
Tras el doble golpe de Estado de 2020 y 2021, la junta maliense obligó en 2022 a la fuerza antiyihadista francesa a dejar el país. Este año, además, tomó una idéntica decisión con relación a la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSBA), misión de paz establecida por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2013 para estabilizar el país tras la rebelión tuareg de 2012.
"La gente solía salir a divertirse. Pero eso está desapareciendo por las caídas de obuses. La gente tiene mucho miedo y sale sólo para lo imprescindible", relata una vecina de la ciudad, cuyas casas y monumentos construidos en adobe no sólo están bajo la amenaza de los obuses, sino también bajo presión por el avance de la desertificación del Sahel.
Según advirtió la Unesco en varias ocasiones, la llamada “La perla del desierto” podría desaparecer hacia 2.100 y con ella un patrimonio histórico de la humanidad, cuna de una invaluable colección de antiguos textos griegos que en el siglo XIV fueron escritos y copiados, lo que determinó que Tombuctú se constituyera como centro de una importante tradición escrita en África.
(Con información de AFP)