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En nuestro país últimamente, se puso de moda plantear nuevos impuestos y subas de impuestos existentes. No está de moda cuidar el gasto público, en su calidad y cantidad, focalizarse en mejorar los resultados en educación o en seguridad o en salud, o mejorar la capacitación y la infraestructura disponibles en el Poder Judicial. No, eso no. Pero más impuestos si, claro; para fines sociales, se dice, validando con esa expresión cualquier incremento de impuestos.

Esta línea de pensamiento es un error grave que pagaremos caro. Parte del supuesto de la conveniencia de extraer recursos al sector privado para que los maneje el sector publico; pero en el sector público los recursos tienen bajísima productividad y el sector privado, acorralado por más y más impuestos, retrae su esfuerzo de inversión, creación de puestos de trabajo, mejora de la productividad, y finalmente, pago de impuestos.

Quienes piden más y más impuestos tienen mucha ideología o mucho populismo y poca ciencia económica en la cabeza. El gasto público desenfrenado, financiado con impuestos o con emisión lo mismo da, no produce sino derrumbe económico; vean los resultados de países riquísimos como Argentina y Venezuela. Si además de gasto publico demasiado alto, incluso para una época de bonanza como la actual, se avanza en una vía de más y más impuestos, el futuro económico del país luce sombrío. No vamos a crecer lo que podríamos crecer, nuestra productividad no va a aumentar al ritmo debido y vamos a encaminarnos hacia una gris mediocridad cuando podríamos despegar hacia un país de primera.

Hay ejemplos en el mundo que nos muestran un rumbo distinto. En Inglaterra el impuesto a la renta era 28 por ciento; digamos que en Uruguay sumando el 25 por ciento mas el 7 por ciento a la distribución de utilidades es el 30.5 por ciento. En Inglaterra se bajó ese impuesto al 22 por ciento y para el 2015 será de 20 por ciento. Las autoridades británicas sostienen que esa pérdida de recaudación será compensada con mayor inversión local y extranjera, más generación de puestos de trabajo y más productividad de la economía inglesa, todo lo cual generará más y no menos impuestos pero en un círculo virtuoso que algunos llaman curva de Laffer. El mantra es claro: mas inversión, más y mejor trabajo. Pero la contracara también es verdad: mas impuestos, menos inversión y peor productividad.

A mi juicio, los uruguayos necesitamos que los grandes recursos que ya volcamos en impuestos primero se reduzcan y luego se usen bien. No puede ser que el 65 por ciento de nuestra fuerza laboral no haya terminado secundaria y a nivel de los más jóvenes ese número sea 63 por ciento. No podemos tolerar el nivel de inseguridad reinante; otros países han corregido peores niveles de inseguridad y no hay porqué resignarse en nuestro caso. La infraestructura necesita actualización urgente. Todo eso debe lograrse con los niveles record de recaudación que ya se tienen. Con un desempleo a nivel bajísimo hay que empujar a la gente a conseguir y conservar un trabajo; no hacer fuerza en sentido contrario, dando más apoyos sociales en base a más impuestos. Esto es un error ético y económico a la vez. La gente que se levanta todos los días y saca adelante este país con su trabajo no quiere más impuestos.

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