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Desde hace varios años, la carrera actoral de Nicholas Cage ha tomado un sesgo notorio hacia el thriller policial.

Contrarreloj, la última película protagonizada por el sobrino de Francis Ford Coppola que llega a partir de hoy a las pantallas uruguayas no se salva de esta regla.

Las reglas del género están más que claras en este filme, que tiene a Cage como un expolicía procesado por un robo millonario, que al salir de la cárcel intenta rehacer su vida familiar vistando a su hija adolescente que nunca reconoció. Pero la trama comienza a torcerse en la vida del protagonista cuando recibe una llamada de teléfono de un exsocio (encarnado por Josh Lucas) que le reclama su parte de aquel botín en billetes verdes.

La manera más morbosa de chantaje del exsocio, para tener su dinero (US$ 10 millones), es secuestrar a la jovencita, interpretada por Malin Ackerman.

A partir de entonces las riendas de Contrarreloj las toma la acción pura, porque el tiempo es limitado, porque las agujas se mueven y pasa, y en la mente pervertida de su exsocio la imaginación empieza a operar de forma violenta contra la hija. La película se sostiene en la pasta del director Simon West (responsable de Tomb rider, entre otras), que sabe filmar buena acción. Pero Cage debería darse cuenta de que puede volver a actuar en otros géneros. El tiempo para él también pasa.

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