Los nuevos hinchas
Mujeres, niños y jóvenes protagonizaron un festejo distinto al de otros años
Además de los hinchas de siempre, con sus cánticos de siempre y sus ganas de siempre, en las calles de Montevideo, en el Centro de la capital y, finalmente, en el estadio Centenario, había este domingo muchísimas mujeres y muchísimos niños esperando para recibir a los jugadores de la selección. Mujeres y niños recién llegados a esa fiesta que es el futbol pero que durante años no había sido motivo de festejo para los uruguayos.
Mujeres y niños, hijos de la euforia del cuarto puesto del Mundial de Sudáfrica, que dejó tras de si un montón de botijas vestidos de camisetas celestes y de mujeres enamoradas de esos jugadores "tan buenos y tan lindos", como dijo una señora mientras subía las escaleras de la tribuna Amsterdam que nunca antes había visitado.
Nuevos hinchas predispuestos al festejo, aunque lo que se festeje no sea el primer lugar de un campeonato. Ayer en el estadio sonaba el "dale campeón, dale campeón" pero la algarabía no fue mayor a la que se vio al regreso de la selección tras la hazaña de Sudáfrica, ni a la que siguió al triunfo ante Argentina por esta misma Copa América.
"Yo venía igual aunque hubieran perdido", dice una joven Laura con su bandera uruguaya frente a la tribuna Olímpica. "A mi me gusta alentar y si ganan mejor", afirma Martín y le quita todo dramatismo a este juego de 11 contra 11.
Estaban sí, claro que estaban, en el estadio los hinchas veteranos acostumbrados a otra cosa y que ayer se sacaban las ganas con esos gritos que incluyen insultos contra el rival de turno. Pero eran o parecían minoría, que no es lo mismo pero es igual. Porque los que más se hicieron sentir fueron los que gritaban de alegría y no de bronca contenida.
Eran, repito, mujeres y niños que -las primeras por falta de interés y los segundos por una cuestión de edad- nunca habían participado de festejos futboleros.
Pero, como ya fue dicho, el comportamiento deportivo en el mundial de Sudáfrica parece haberles dado motivaciones suficientes para hinchar "por estos muchachos que te ponen la piel de gallina", según los definió Raquel, quien nunca antes había entrado al Estadio Centenario y se maquilló para la cita.
La convocatoria para que la gente se acercara hasta el estadio para recibir a los jugadores hacía prever desordenes, empujones y avivadas. Y claro que todo fue un poco caótico.
Pero había demasiados hombres contenidos por el niño que llevaban en sus espaldas. Demasiadas mujeres con la cara pintada pero no precisamente para la guerra. Cuando las tribunas ya no daban más y los porteros no dejaban entrar a nadie, aparecieron los borrachos belicosos de siempre. Pero más de uno se sosegaba cuando se daba cuenta de que una señora elegante o una joven con la cara pintada lo miraban con extrañeza.
Había sí, barras de muchachos con el tetrabrik de vino a mano celebrando por haberle roto determinadas partes del cuerpo a los paraguayos y, vaya a saber por qué, a Diego Maradona. Pero también se hacían notar los grupos de mujeres adolescentes que, de pronto, se encontraban con nuevos ídolos por los que tirarse de los pelos. "¡Lugano, nena, Lugano es el mas lindo!", le discutía una muchacha a otra que moría por Muslera.
La presencia policial fue mínima en los alrededores del estadio si se la compara con las que deben velar ante cada partido los fines de semana. "¿Sabe lo que pasa? Que en esta selección el que maneja las cosas es un maestro. Y habla tanto de educación que los gurises terminan haciéndole caso", comenta un taxista mientras le responde con la bocina a una camioneta llena de chiquilines con banderas uruguayas.
Este domingo en todo el país hubo gente feliz, gritando de alegría y no de rabia contenida. Y eso, aunque se trate de fútbol, no es poca cosa.