En la década de 1870, la ciudad de Nueva York desarrolló una horrible solución para el problema de los perros callejeros: encerró decenas de perros en una jaula de hierro enorme y los sumergió en el Río Este. El mecanismo de capturar y ahogar a los animales se repitió hasta que la población estuvo bajo control.
Los refugios de animales no siempre son una buena iniciativa
Cuando estas organizaciones no sacrifican a los gatos y perros no adoptados, suelen acumularse, vivir mal y morir encerrados. Entonces, ¿no sería mejor sacrificarlos?