Los secretos de Aguirre
Apenas el aurinegro logró el primer éxito resonante, el DT encontró el escenario para desarrollar un estilo más reservado
En estos tiempos que corren en el mundo globalizado –en los que la información transcurre al vertiginoso ritmo de las redes sociales, además de los tradicionales medios de comunicación– Diego Aguirre parece haber encontrado un refugio para resguardar sus secretos y disponer de herramientas para hacer la diferencia en la cancha.
Está claro que al fútbol no se gana exclusivamente porque el técnico no adelanta la oncena titular, pero ayuda. El éxito, de los aurinegros y de cualquier otro equipo, pasa por un buen trabajo en la cancha, un gran manejo de los recursos humanos, mucha mejor planificación y una buena administración de las presiones. Así es a grandes rasgos.
Lo que le sucedió al Peñarol de Aguirre en el inicio de la temporada, que empezó con dos revolcones en la competencias local (0-3 Miramar Misiones) e internacional (0-3 Independiente), fue que cargó con la mochila de favorito –con todo lo que eso implica anímicamente para un grupo–, que Aguirre no escondió nada, que no tuvo su mejor integración hasta que avanzó el torneo y que dejó margen para que todos pudieran polemizar acerca de quién tenía que jugar, razón por la cual el entrenador tuvo que salir públicamente a dar explicaciones en los medios, tras las derrotas, para cuidar a los jugadores.
Apenas logró el primer éxito resonante, la victoria 3-1 sobre Godoy Cruz en Mendoza, Aguirre encontró el escenario para desarrollar un estilo más reservado y con perfil bajo durante la competencia, ese que le gusta y que le permitió en 2010 –cuando nadie daba nada por Peñarol– iniciar la revolución futbolística que permitió a Peñarol ganar el Campeonato Uruguayo.
Además, los éxitos hicieron que el DT ya no tuviera tanta exposición pública y desde entonces se escuchan las palabras de los jugadores.
Tras el éxito que le brindó anunciar el equipo 15 minutos antes del partido con Godoy Cruz, por cábala o para un mejor funcionamiento, lo estableció como norma porque de esta forma no expresa públicamente las dudas que tiene, no expone a los jugadores, cuida la intimidad del equipo, se reserva lo más importante y que todos quieren conocer y, de esa forma, evita las polémicas que surgen respecto al tema (por qué juega fulano y no sultano) y que en Peñarol tiene gran repercusión.
El resto de la rutina de trabajo la mantiene. Entrena toda la semana a puertas abiertas, sin mostrar el equipo que utilizará, y cierra para el último trabajo táctico que realizan el día previo al partido, el mismo que concentran. Así, Aguirre le encuentra la vuelta y llegan los éxitos.
(Observa)