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Tras una rueda de prensa de media hora en Porto Alegre, que terminó con el aplauso efusivo de algunos periodistas, la cantante británica Marianne Faithfull se relajó. “Estaba bastante nerviosa, porque siempre pienso que la gente sólo quiere oírme sobre los Stones”, admitió.

Ella lo dice muy tranquila, serena, con la madurez que adquirió en sus 62 años y que le garantiza una enorme seguridad aún cuando aborda temas tristes de su historia, como la adicción a la heroína y cocaína.

“Sí, tengo algunos arrepentimientos, pero nada muy especial. Lo único que me gustaría haber hecho diferente es no haber usado drogas. Fue una pérdida de tiempo y el efecto fue terrible para mi voz”, lamenta, y admite que no desea hacer un discurso políticamente correcto.

“Yo tuve momentos buenos con las drogas. Muchas otras personas los tuvieron también. Creo que depende de como uno lo hace... yo fui muy extrema”, justifica.

Marianne Faithfull ya no habla de esta etapa con el rencor que solía tener antes.

Lo reconoce cuando critica su tono duro en los libros de memorias de aquellas épocas. “Hace algún tiempo, releí a uno de ellos y me asombró lo triste que era. Yo era muy dura conmigo misma, realmente lo era”, reflexiona. “Pero como todo el mundo, creo que hice lo mejor que podía”, complementa.

“Realmente estoy bien ahora, no creo que haya más razones para recriminarme tanto”, define.

Claro que el miedo manifestado en el final de la entrevista tiene una razón de existir. Miss Faithfull, como fue respetuosamente tratada en la rueda de prensa, ya admitió a algunos medios internacionales que durmió con tres Stones antes de decidirse a salir con Mick Jagger.

Fue aún una composición del líder del grupo con Keith Richards, As Tears Go By, que la lanzó a los grandes escenarios musicales en 1964. Inspirado por ella, Jagger compuso algunos de sus grandes hits como You Can’t Always Get what You Want y Wild Horses.

“Lo lamento, este tiempo ya pasó. Es una nueva política que tengo: no hablo de los Stones”, contestó, cuando algún reportero le pidió para comentar su pasado, con la clara intención de que desarrollara una reflexión acerca de su relación con los integrantes de la banda, en la cama y en los escenarios.

Sin embargo, la cantante deja claro que no se trata de resentimiento. “Tuve mucha suerte por pertenecer a esta generación de los Stones, los Beatles, The Who... Estábamos en Londres, en los 60, éramos muy jóvenes y teníamos una excitación única por la vida”, rememora.

“Fue un tiempo fantástico, del que los Stones hicieron parte, pero que no se resume a esto”, completa subrayando que no sólo la música, pero también las artes plásticas fueron un marco de aquél tiempo: El primer marido de Marianne era dueño de una galería y también desde ahí la cantante se acercó a este universo.

Un trabajoso disco de soul
Y si sobre algunas de las figuras que rodearon su juventud prefiere guardar el silencio, con otras sigue incluso trabajando. Es el caso de Lou Reed, guitarrista que participa con dos canciones en su nuevo álbum, Horses and High Hills.

“¡Fue fantástico! Lou Reed es un viejo amigo, nos conocemos hace mucho tiempo. En realidad, es el guitarrista ‘top top top’ en el mundo. Es también un gran líder de grupo y un excelente compositor de letras. Hacia tiempo que le pedía que me hiciera algo interesante, y, bueno, al final dijo que sí”, comentó.

Horses and High Hills es la base del show íntimo y acústico que Faithfull presentó el lunes 19 en el Teatro Coliseo en Buenos Aires, tras un pasaje por Porto Alegre. En esa ciudad fue parte del festival de teatro de la ciudad POA Em Cena.

Faithfull admite y recalca que hacer soul fue un trabajo poco común. “Yo nunca había cantado soul en mi vida. Tuve que esforzarme, estirar las cuerdas vocales para alargar las notas. Fue un trabajo duro, pero que me gustó mucho”, explica.

El disco fue grabado en Nueva Orleans y cuenta con el aporte de músicos locales. “Lo hicimos allá solo para utilizar a los músicos. Esta parte rítmica que le dio la ciudad es algo genial del trabajo”, asume la cantante.

Es algo que por lo general se escapa, pero Faithfull sabe y mucho de discos: a lo largo de su carrera grabó nada menos que 23. “Los discos son como mis guiones. Siempre necesito uno nuevo para seguir adelante”, justifica.

Tras tantos años de experiencia, admite que aún se pone nerviosa antes de subir al escenario. “Quizás por esto lo disfruto tanto”, dice. “Todo empieza con el miedo, que crece. Pero hay un momento en que es necesario superarlo y ahí está el segundo único, que es rápido pero que trae una sensación excepcional de que el trabajo finalmente fue hecho”, relata.

La vejez y Shakespeare
Lo que le importa en este momento a Marianne Faithfull son sus proyectos futuros.

Y son varios: por ejemplo, prepara para los próximos meses un box en que mezclará literatura, poesía, música y fotografia. Se trata de una interpretación que hizo de veinte sonetos de William Shakespeare. “Lo que pretendo es vender un libro con las letras de los sonetos que vaya adjunto el disco, además de fotos que interpreten los versos”, adelanta.

Ella misma seleccionó los poemas que canta, y comenta que su preferencia recayó sobre temas recurrentes de su vida personal y de su carrera. “El amor, la muerte, la fama, la belleza. Es la mierda de siempre, pero creo que va ser realmente interesante cómo quedan encarados estos textos”, comentó.

Todo esto, reconoce, también viene de la mano de una búsqueda de recursos que está haciendo desde hace un tiempo para poder vivir su vejez con dignidad.

Asegura sin problemas que incluso podría vender los derechos de autor de su biografía para ser convertida en película. “No estoy segura, quizás lo hiciera. Es todo una cuestión de precio. Yo ya escribí libros por dinero... Es que necesito cuidar de mi vejez”, concluye.


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