La primera etapa del amedrentamiento comienza con las marcas en las casas de los fieles, a las que afuera les pintan la primera letra de la palabra árabe nazarat (que significa “cristiano”), expulsan a sus moradores y las ocupan.
Muy pocos se convierten, menos pagan el elevado diezmo y así decenas de miles huyen.
El gran éxodo comenzó la noche del 6 al 7 de agosto y fue desde la ciudad de Mosul, antes la segunda más poblada de católicos y ahora casi vacía.
Según el patriarca caldeo de Babilonia Louis Raphael Sako, en la ciudad vivían unos 35mil cristianos pero ahora su diócesis “casi no existe” porque se vació de fieles.
Otras decenas de miles de fieles huyeron de otras zonas del norte y así, resumió el patriarca en una carta que envió a la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, alrededor de 100 mil cristianos se han fugado, “empujados por el pánico, sin nada más que lo que llevan puesto”.
En su periplo hacia el Kurdistán padecen “un auténtico vía crucis”, pues las temperaturas son de hasta 50 ºC y la falta de refugio y comida afecta tanto a hombres sanos como a ancianos, enfermos y niños.
“Se enfrentan a una catástrofe humana que corre el riesgo de convertirse en un auténtico genocidio”, denunció el líder religioso en esa carta del mismo 7 de agosto.
Los que decidieron quedarse en su ciudad la están pasando mal.
La semana pasada Mark Arabo, líder de la comunidad caldea, relató en una entrevista con la CNN que se multiplicaban las decapitaciones a niños cristianos en Mosul.
“En el parque el Estado Islámico decapita sistemáticamente a los niños, poniendo sus cabezas encima de palos y cada vez más niños están siendo decapitados. Sus madres son violadas y asesinadas y están colgando a sus padres”, denunció.
“Esto es un genocidio en todo sentido. Ellos (el EI), están matando a cada cristiano que ven”, prosiguió.
El desborde se nota en otras ciudades: a la localidad de Ankawa, a las afueras de Erbil (capital del Kurdistán iraquí) llegaron unos 70 mil cristianos desplazados y otros 60 mil se encuentran en Donhuk.
“Las familias, que han encontrado refugio en iglesias y escuelas, están en mejores condiciones que aquellos que todavía duermen en la calle y en parques públicos, cuya situación es lamentable”, informó el patriarca Sako, según consignó Ayuda a la Iglesia Necesitada, que lanzó una campaña de recaudación de fondos por la que espera conseguir € 100 mil.
Pastores preocupados
Entre los que acompañan a los que sufren se encuentra el sacerdote argentino Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado, que este martes contó sus vivencias al diario Clarín. “Hay niños muriéndose en el camino por el sol, hay 50 ºC.
Hay gente que no tiene para comer, que se está enfermando. No se sabe qué va a pasar, si van a poder abrir las escuelas. La situación es absolutamente terrible. Estamos hablando de cientos de miles de personas. Y ni hablar de las marcas que quedarán para el futuro para esas personas. Marcas físicas para los que han sido heridos, marcas psicológicas para la gran mayoría”.
Yonadam Kanna, principal político cristiano en Irak, denunció hace una semana una limpieza étnica. El sacerdote argentino coincidió: “Lo que busca esta gente es exterminar a sus adversarios y lo hacen en un modo de limpieza étnica o limpieza religiosa. Y puede llegar a transformarse en genocidio por la magnitud que está teniendo”.
Los días pasados se habló mucho de los yazidíes, una comunidad que fue expulsada de su bastión de Sinjar hacia las montañas a fuerza de desalojos brutales y asesinatos.
Ellos también padecen al sol y sin ayuda, aunque afortunadamente son menos que los cristianos; se estiman en 5.000 desplazados.
Ante el sufrimiento de tanta gente, el papa Francisco hizo varios llamados para la paz en Irak y pidió oraciones. En Uruguay el viernes hubo una jornada de oración por la paz en el mundo y especialmente por los cristianos perseguidos, convocada por los obispos en atención al desvelo del pontífice.
Asimismo, desde el Vaticano viajó a Irak el cardenal Fernando Filoni, enviado especial de Francisco para asistir a los refugiados de aquel país.
“El futuro sigue siendo incierto, ‘¿qué será de nosotros?’ Aquí, esperamos, con el apoyo y la ayuda de todos, poder asegurar que un día estas personas puedan regresar a sus casas”, expresó el purpurado.
Desde Corea hasta Níger
La situación no es exclusiva de Irak y de aquí la preocupación del papa Francisco. Massimo Introvigne, sociólogo de las religiones y director del Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones italiano, aseguró en marzo de este año que “la época de los mártires es la contemporánea”.
Entrevistado por Radio Vaticana, el experto y representante de la OSCE contra la discriminación anticristiana explicó que, de acuerdo con un estudio “del mayor especialista de estadística religiosa moderna, David Barret”, los mártires cristianos “desde la muerte de Jesús hasta nuestros días han sido unos 70 millones, pero de estos, 45 millones (más de la mitad) se concentran en el siglo XX y en lo que va del siglo XXI”.
De acuerdo con el experto, hoy las principales persecuciones son por parte del fundamentalismo islámico en zonas de Asia y África.
Luego están aquellas en los países influenciados por la ideología comunista y, en tercer lugar, figuran los nacionalismos con fondo religioso en áreas de África y Asia.
En cuarto lugar está Occidente, donde hay una “sutil, a veces ni siquiera tan sutil”, intención de discriminar a los cristianos o de negar la identidad y las raíces de esa fe.
En el año 2012 el experto aseguró que mataban a un cristiano cada cinco minutos en algún lugar del mundo.
Puertas Abiertas, una ONG internacional que atiende a los cristianos perseguidos, todos los años elabora una lista de 50 países donde no hay libertad religiosa.
Este año la encabeza Corea del Norte, donde está prohibido ser cristiano.
En Somalia, segundo país de esa nómina, la condena a muerte es consecuencia directa de declararse seguidor de Jesús. El último del registro es Níger, donde el 98% de la población es musulmana y, según la organización, “la hostilidad procede de la sociedad más que del gobierno”.
Según cifras oficiales de la Iglesia, en 2013 asesinaron a 20 sacerdotes. “Es curioso que muchos, cuando se habla de martirio, piensen en algo que pertenece a los tiempos del Imperio Romano”, comentaba hace poco Introvigne.