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Si ha habido una persona en los últimos doscientos años que ha influido en el mundo entero y cuyas ideas han cambiado el curso de la historia del siglo XX y XXI, ese ha sido Karl Marx. Pero más allá de las revoluciones que se izaron en nombre del comunismo, de los Estados que se formaron, de las guerras, las ideologías y sus logros, Marx fue ante todo un hombre. Un hombre que habitaba un universo teórico y militante, pero también cotidiano, atravesado por el amor, el dolor, la pobreza y la muerte.

La idea de que alguien fallecido pueda volver a la Tierra aunque sea por una hora, parece algo atractivo para un sinfín de personas, pero en el caso de Marx, el filósofo y economista que dejó de existir en Londres en 1883, resulta una fantasía en sumo interesante. Este es el punto de partida del unipersonal Marx in Soho, escrito por el historiador y activista estadounidense Howard Zinn, que se presenta los fines de semana en el Teatro El Galpón, con una actuación memorable de César Troncoso. Si bien la obra iba a bajar de cartel el 31 agosto, se agregaron funciones durante setiembre.

Marx in Soho, escrita en 1999, se sitúa en los tiempos actuales en el Soho neoyorquino en una supuesta visita que realiza a la Tierra el filósofo alemán, quien vivió los últimos 30 años de su vida en el Soho londinense. “Dicen que el capitalismo se volvió más humano desde mi época. ¿Ustedes lo creen?”, se pregunta el intelectual, quien aprovecha su tiempo mundano con un monólogo en el que reflexiona sobre sus ideas y la aplicación de ellas, la distancia con los marxistas y los problemas con la Internacional Socialista, sus teorías y las condiciones de surgimiento de las mismas, y la incidencia de la desigualdad, a 150 años de la creación del concepto de plusvalía.

Lejos de plantearse con una alocución meramente teórico-partidaria, Zinn logra un texto muy cálido, entretenido, e incluso salpicado por el humor. A través de un trabajo minucioso de investigación, distintos aspectos de la vida de Marx, desconocidos seguramente para la mayoría, son relatados por el personaje que encarna Troncoso.

Es allí donde se cuenta la relación con su amada esposa, Jenny, el vínculo con sus hijos y el dolor por sus fallecimientos (solo tres de los siete hijos de la pareja llegaron a la edad adulta, tres mujeres que fueron llamadas Jenny Caroline, Jenny Laura y Jenny Julia). También se habla de los forúnculos que padecía el filósofo, y cuyo único consuelo, habría escrito Marx a su amigo Friedrich Engels, era que esta era una “enfermedad proletaria”.

Su admiración por la Comuna de París y su relación con otros intelectuales de la época son citadas, pero son especialmente memorables los fragmentos en los que habla del pensador anarquista Mijaíl Bakunin.

Unipersonal redondo

La versión montevideana, dirigida por Juan Tocci, quien también tuvo a cargo la traducción del texto del autor fallecido hace cuatro años, cuenta con una puesta de escenografía minimalista. El centro está en el texto y en el trabajo del actor. El protagonista de El baño del papa, participa, además, en la actualidad en un proyecto de HBO de Brasil que se filma en Uruguay, planea estrenar en setiembre Zanahoria, de Enrique Buchichio, y forma parte del elenco de la telenovela de Globo, Flor del Caribe, que emite Teledoce.

Marx in Soho había sido estrenada con anterioridad por Tocci y Troncoso en 2012 en el marco de la Muestra Iberoamericana de Teatro de Montevideo de la Sala Verdi. En esa ocasión solo se realizaron dos funciones, tras las cuales el actor tuvo que dejar la obra por sus compromisos en Brasil.

En el estreno hace dos años, contó Troncoso la semana pasada a El Observador TV, se quedó sin letra en mitad de la función y tuvo que ir buscar el guión. Lejos de cualquier error, el actor montevideano ofreció el sábado pasado una interpretación sin fisuras, dotando a su personaje de gestualidad y humanidad, buscando la mirada del espectador, capaz de emocionar con sutileza, de crear climas y mutarlos a la brevedad, de hacer reír y de transitar por un texto de múltiples entradas con gran facilidad.

El resultado de Marx in Soho es un unipersonal redondo, anclado en la interpretación de uno de los actores más destacados del país, y en un texto que amén de que entretiene, educa y hace reflexionar, deja al espectador con ganas de saber más sobre aquel hombre que cambió el curso de la humanidad.
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