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La reunión del canciller Rodolfo Nin Novoa con su homónimo brasileño, Ernesto Araújo, este viernes 7, en el marco de la firma de convenios bilaterales, es una oportunidad diplomática para tender puentes entre el presidente Tabaré Vázquez y su colega Jair Bolsonaro, que tienen un evidente distanciamiento que es perjudicial para los intereses de nuestro país. 
Uruguay, a lo largo de su historia, ha tenido una “política pendular” entre Argentina y Brasil, que ha respondido a dos razones principales, de acuerdo a estudios académicos: las relaciones políticas de los partidos en el ejercicio de gobierno y a acciones pragmáticas atadas a la coyuntura. 

Es notorio que Vázquez no tiene ninguna similitud con el mandatario brasileño, lo que se reflejó en las pifias de Nin Novoa y de la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, que hablaron en contra de Bolsonaro y que perjudicaron el diálogo entre ambos mandatarios.
Pero las diferencias de pensamiento no son un impedimento para lograr un entendimiento entre los dos países. El buen diálogo de Vázquez con el presidente argentino, Mauricio Macri, con quien tiene notorias diferencias políticas, es un buen ejemplo de ello.
La llegada de Bolsonaro al Palacio de Planalto significó un cambio de 180° en relación a la ideología e ideas políticas del izquierdista Partido de los Trabajadores, de un vínculo muy cercano a los gobiernos del Frente Amplio. 

El gobierno de Bolsonaro quiere introducir cambios profundos en el Mercosur en sintonía con un modelo de economía liberal que puede favorecer a Uruguay. “La única base sólida para una economía liberal competitiva es una sociedad coherente, auténtica y libre. Eso también se aplica al plano internacional”, dijo el ministro Araújo en una reunión de miembros de la OMC en Davos, en enero pasado. Nuestro país puede beneficiarse si se cristaliza una reforma del bloque regional que incluya una baja o una flexibilidad del Arancel Externo Común y el abandono de la unión aduanera a favor de una zona de libre comercio. Hoy no es descabellado pensar en que es posible poner esos temas encima de la mesa. La sintonía política entre Bolsonaro y Macri, que se comprobó una vez más este jueves en una reunión de ambos en Buenos Aires, puede coadyuvar a la idea de un bloque regional más abierto al mundo, aunque depende del resultado electoral de Argentina de octubre próximo.

No hay dudas de que, en la actual coyuntura, es Uruguay más que Brasil quien necesita un fortalecimiento del vínculo. Por motivos económicos –es el segundo destino de las exportaciones uruguayas, sumando US$ 1.130 millones anuales–, pero también de política exterior por la inestabilidad de la región, particularmente de Argentina, y los profundos cambios que están ocurriendo en las relaciones internacionales. Los conflictos entre EEUU y China, sumado al mayor protagonismo de Rusia, están dibujando una nueva geopolítica mundial en la que es preferible tener como aliado a la octava economía del mundo. 

Es importante la firma de un acuerdo para evitar la doble tributación y proyectar la construcción de un puente para conectar mejor a las ciudades fronterizas, previsto en el encuentro bilateral de este viernes 7. Pero empezar a zurcir un vínculo más potente con Brasil tiene un enorme potencial para nuestro país. 

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