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Cuando en nuestra realidad se vuelve cada vez más difícil charlar con alguien sin que suenen celulares, se revisen mensajes de texto o las actualizaciones del mail en el Blackberry, la TV se enfoca más y más en épocas o contextos donde nada de esto es posible.

Desde ambientar las series en épocas donde directamente o no existía el teléfono (Los Borgia) o los celulares (Mad Men), hasta contextos fantásticos directamente relacionados con la Edad Media (Game of thrones). ¿Y qué pasa con aquellas series ambientas en nuestra contemporaneidad?

Pues los ambientes postapocalípticos ganan más y más fuerza en todos los formatos. Sin ir más lejos, esta es la premisa de The Walking Dead, dónde la invasión de zombies funciona más que nada como una excusa para hipotetizar cómo se reformularían las sociedades y relaciones humanas ante semejante realidad.

No hay gobierno, no hay respaldo, no hay nada más que tratar de sobrevivir en un entorno mortal por la amenaza de los muertos vivientes, pero sobre todo por la amenaza de los vivos. Es la premisa también de los últimos estrenos en materia de webseries, como la animada Electric City: la vida en la única ciudad del mundo dónde todavía hay energía eléctrica.

Producida por Tom Hanks, o H+ de Bryan Singer, un virus mortal, que justamente se trasmite por celulares e internet, elimina a un tercio de la población mundial. Y por mencionar una no del todo reciente o actualmente exhibiéndose, está Jericho, que imaginaba un Estados Unidos reformulado en 6 estados luego de que un ataque disolviera por completo el orden conocido.

Estos futuros distópicos postapocalípticos parecen ser la nueva norma en materia televisiva de éxito. Y a esta apuesta segura es que ha apuntado el “hombre Lost” JJ Abrams y su equipo con Revolution.

Apocalípticos e integrados
La premisa de la serie no se aleja demasiado de los ejemplos anteriormente mencionados. Una misteriosa catástrofe acontece y toda energía desaparece. No más luz, no más teléfono, no más electricidad. Todo lo que tenga un encendido eléctrico se detiene y no hay arreglo. El mundo cae en el caos, la anarquía y la barbarie.

Quince años más tarde es cuando se ambienta nuestra historia. La humanidad ha sobrevivido en pequeñas comunidades apartadas de las grandes urbes, organizadas en milicias dictatoriales que imponen su poder por la fuerza de las armas de fuego (y prohíben su uso a todo aquel que no forme parte de la milicia) o directamente dedicada al pillaje y saqueo. Pero la trama que involucra a los protagonistas se pone en marcha cuando Sebastian Monroe (interpretado por David Lyons, líder de la República Monroe y a las claras el villano) decide atrapar a los hermanos Matheson, Ben (Tim Guinee) un científico que estaba al tanto de que iba a ocurrir el apagón y bien puede tener una manera de solucionarlo y Miles (Billy Burke) su hermano, un militar.

Hay algunos puntos directamente absurdos. La anarquía a la que la humanidad toda cae casi de inmediato al no tener energía eléctrica es poco verosímil (como si la humanidad no hubiera sabido organizarse antes de tenerla) así como que las Repúblicas no mantengan contacto entre sí (el correo funcionó siempre antes de mandar e-mails). Que nadie use bicicletas o formas de transporte que no sean caballos es llamativo también. Y ni que hablar los habilidosos que resultan todos con espadas –a lo ninja japonés– con algunos añitos de práctica (quien sabe quién les enseñó la técnica).

La sensación que sobrevuela constantemente es la de poca verosimilitud. Por ejemplo, muchos personajes citan de memoria fragmentos de una nueva constitución instaurada 15 años antes, algo que no todo el mundo puede hacer con las constituciones actuales, y eso que tienen 200 años.

Pero con todo, la serie es muy entretenida y tiene su particular encanto. Mucho debe tener que ver que su creador sea Eric Kripke, creador también de la muy exitosa Supernatural, aquella de los dos hermanos que se dedican a cazar demonios, que también con una premisa poco original pero muy divertida ya viene en su séptima temporada y contando.

Kripke plantea relaciones familiares creíbles al igual que en Supernatural, con conflictos puntuales interesantes y un misterio mayor que se va deshilachando oportunamente capítulo a capítulo. Aquí se espera fervorosamente que Abrams no meta mucho la cuchara, ya que de dejar misterios sin respuesta u ofrecer respuestas ridículas probó que sabe mucho (con Lost).

En Uruguay, la serie estrena por Warner Channel a fines de octubre.
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