“El carnaval es un mal necesario”, dice Marco Arrospide, dueño de Don Rómulo, en el Manhathan de La Pedrera, ese par de cuadras que horas después serán el epicentro de la bacanal. Se refiere a que la fiesta de miles de jóvenes que van a beber y bailar “es algo que altera, distorsiona y no da mucha ganancia pero te pone en el mapa”. Es fácil entender alteración y distorsión, pero no tanto lo de poca ganancia. Sin embargo es así, debido a que el público no llega a gastar, tratan de llevar su propio alcohol y forman una tormenta en la que es difícil trabajar.
Menos gente y más tranquilidad en el Carnaval de La Pedrera
El pueblo rochense volvió a ser el centro de las miradas