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Si hay algo que no se le puede recriminar al libro Qué tupé: Batlle-Beltrán. ¿Duelo o asesinato?, de Diego Fischer, más allá de todas las críticas que recibió, es que se supo vender. En 2010 se vendieron más de 10 mil ejemplares.

La novela con toques periodísticos se centra en el duelo ocurrido el 2 de abril de 1920, en el que el joven diputado nacionalista Washington Beltrán murió al enfrentarse en un duelo de pistola con el ex presidente José Batlle y Ordóñez. La interrogante que pretendía someter a debate: “¿Duelo o asesinato?” le valió una lluvia de críticas y cuestionamientos a su autor fundamentalmente desde diversos sectores colorados que salieron a defender la imagen de su principal referente“don Pepe” Batlle.

Un año después, cuando los ánimos están más calmados el éxito de taquilla dobla la apuesta y se traslada al teatro Alianza, de la mano del director Álvaro Ahunchaín, y aunque ya no provoca el mismo ruido, parece haber tenido un buen comienzo. En su tercer fin de semana en cartelera, tras su estreno el 11 de agosto, el domingo pasado prácticamente no quedaba un asiento libre.

En un escenario dividido en dos por una banda nacional, similar a la que usan los presidentes, el director hace coexistir dos historias, dos formas de entender la sociedad de principios de siglo XX, dos relaciones de parejas, dos proyectos de vida. Y aunque por momentos la puesta se detiene en las diferencias y contradicciones entre unos y otros, también los presenta como una unidad o dicotomía. Así dos sillas se enfrentarán a otras dos sillas, una gigantografía de El País a otra del diario El Día, formando dos extremos destinados a contraponerse.

La izquierda del escenario está reservada al ámbito familiar de José Batlle y Ordóñez (interpretado por Júver Salcedo) y de su esposa Matilde Pacheco de Batlle, (Lilián Olhagaray), y a la derecha están Washington Beltrán (Álvaro Armand Ugón) y Elena Mullin de Beltrán (Victoria Rodríguez).

Varios son los aciertos para sintetizar y volver atractiva la mirada político-partidaria recreada por Diego Fischer en la novela homónima. Desde personajes inventados como una secretaria genérica que sirve tanto a Batlle como a Beltrán o la introducción de dos clowns (Alejandro Martínez y Natalia Chiarelli) que sintetizan los discursos cargados de hipocresía que se sucedieron tras el duelo. En este interludio cómico, estos personajes que rompen con la estructura realista que predominaba en la puesta, se pronuncian mucho más por la segunda opción que plantea la interrogante ¿Duelo o asesinato?. Su parodia repentina, que incluso alude a corrupciones contemporáneas, seguro provocará la aceptación o el rechazo dependiendo de la divisa preferida de quien esté observando el espectáculo desde las butacas.

Ahunchaín supo encontrar varios recursos para trasladar un texto que principalmente incluye cartas y discursos políticos al escenario, sin que resulte un recitado tedioso.

En este sentido, se destacan la condensación de personajes, la aceleración de momentos redundantes y fundamentalmente la apelación a cortometrajes audiovisuales.

En una pantalla colocada en el centro del escenario se recrearán momentos claves de la historia como la enfermedad mortal de una de las hijas de Batlle, el propio duelo (donde se luce la indumentaria de época) y hasta el presente de uno de los hijos de Beltrán. La realización de los videos que supusieron la participación de más de 20 actores y técnicos contó con la dirección del mexicano Salomón Reyes y de Pedro Luque en fotografía.

Pero no todas son flores. El director también cae en el recurso fácil de poner a un niño en escena para encarnar al hijo mayor de Beltrán, cuyo principal atributo actoral es ser bonito, Así logrará enternecer al público lleno de canas que suele prevalecer en las butacas, aunque en muchos otros casos provoque el sentimiento adverso.
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