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Se acabó lo que se daba”, reza un grafiti escrito en una pared lateral del viejo Mercado Central. La leyenda calza a la perfección con el estado actual del edificio: un sitio dejado en el abandono. Hoy solo funcionan allí el bar Fun Fun (fundado en 1895), Mundo Afro y el Centro Comunal Zonal Nº1. Hasta hace dos años, había una carnicería, una pescadería, una parrillada y un quiosco. En otros tiempos supo haber un restaurante (el Morini) y otros locales comerciales repartidos en tres niveles que recibían a decenas de vecinos y clientes todos los días, en un ir y venir constante entre la Ciudad Vieja y el Centro, dado que, en teoría, fue construido para ser un jalón urbano en ese borde de Montevideo. Y lo fue. Hace mucho. Antes de caer en el olvido.

Luego de varias propuestas e intentos de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), el Mercado Central parece que por fin tendrá su segunda oportunidad cuando se construya allí la nueva sede de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y un complejo cultural con una inversión aproximada de US$ 70 millones. “Quedaron espacios residuales. No acondicionados. Es difícil pensar hoy sentarse en la plaza, o que el edificio tenga relación con la calle. Nuestra estrategia fue redefinirlo, con un área más abierta y con espacios públicos”, explicó Carlos Labat, un joven arquitecto que junto a Nicolás Scioscia y Pierino Porta, y Fernando Romero, forma parte del equipo ganador del concurso nacional de anteproyectos para el nuevo edificio.

Los arquitectos consideraron que la estructura podía ser conservada (a pesar de los daños en revoques y falta de mantenimiento general) y su proyecto se eleva sobre lo ya existente, con nueve metros más de altura, para recibir la parte exclusiva de las oficinas de la CAF, un complejo cinematográfico de tres salas, un Fun Fun cuatro veces más grande de lo que es hoy y un patio urbano abierto a todo público en el centro del segundo nivel y decorado con cañas tacuara.

Pero no se queda allí. Plantea la relocalización de la plaza Golda Meir, hoy ubicada sobre la calle Reconquista y de carácter bastante inhóspito, hacia el final de la calle Bartolomé Mitre, con primera fila al mar, más una explanada que oficie de “balcón” hacia el entorno, pero también hacia el interior del edificio, dado que la fachada vidriada (en toda la extensión del edificio y no en una sola cara) permitirá la visión hacia la cafetería y la biblioteca de la CAF. Además, el tramo sobre la calle Reconquista será una semipeatonal. La apropiación del espacio por parte de la gente es una obsesión de los arquitectos.

Otra obsesión parece ser la luminosidad. Quizá sea porque el Mercado Central luce hoy bastante mustio, sin que lo ayuden los coloreados grafitis salpicados por sus cuatro costados, que su aspecto solo puede mejorar. Los viejos estacionamientos sirven hoy de hogar para indigentes, que dejan basura y ropa en el suelo y heces en los rincones. El anteproyecto ganador propone una “piel velada” que funcione como protección solar diurna y control de iluminación interior nocturna. Por detrás quedan las ventanas que, a diferencia de los edificios de oficinas tradicionales, se podrán abrir. Esto no solo ofrece más luz, sino que también facilita el acondicionamiento térmico del interior, logrando mejores rendimientos energéticos.

En materia de eficiencia energética, además, el proyecto cuenta con tanques que captan el agua de lluvia para que sea reutilizada en las descargas de inodoros y para riego de las áreas verdes.

Al mismo tiempo, el nuevo edificio descongestionará el tránsito de Ciudad Vieja al disponer de un estacionamiento subterráneo de 11 mil metros cuadrados. La IMM dispondrá de 140 plazas, con espacio para motos y bicicletas.

Al ser un anteproyecto, puede sufrir modificaciones en los próximos meses, a medida que el equipo ganador, la IMM y la CAF afinen sus lápices en cuestión de materiales y ajuste de precios. Luego se abrirá la licitación para la contratación de la empresa constructora. Está en los planes de la CAF que el edificio pueda estar terminado en dos años. Los jóvenes arquitectos, como parte del premio, dirigirán la obra y recibirán un anticipo de US$ 90 mil.

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