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Las operaciones del mercado de tierras se han enlentecido bastante en relación a años anteriores, no obstante los precios siguen siendo de punta, informó a El Observador Agropecuario el empresario Luis R. Bruno, director de Bruno - Arrosa & Cía, firma que desde 1994 se especializa en comercializar lanas y campos.

Bruno –trabaja en este rubro desde 1979– precisó que en 2010 hubo mucha actividad, en 2011 hubo menos operaciones “y 2012 es más tranquilo, los precios son levemente superiores a los de los años previos y el mercado se estabilizó, con poca oferta de campos y las aspiraciones de los vendedores no la avalan los compradores, entramos en una meseta”.

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Admitió que “la tierra sigue siendo un negocio seguro, con una rentabilidad razonable por la producción y por la revalorización inmobiliaria”. Expresó que “aquella tendencia que el negocio tenía una dependencia de la revalorización inmobiliaria está variando, hoy las operaciones están vinculadas a la rentabilidad productiva”. En ese marco, “si sumamos la rentabilidad productiva a la revalorización inmobiliaria llegamos a tasas de rentabilidad muy interesantes”, citó Bruno.

Explicó que diversos aspectos dieron lugar al enlentecimiento. Por ejemplo, “las empresas forestales –un sector clave por todo lo que genera– tienen las compras detenidas, procurando terminar de ordenar sus proyectos productivos en las tierras que poseen y buscando alternativas productivas con propietarios privados”.

Por otro lado, “las operaciones provienen básicamente de gente del exterior” y en ese marco “el país ha dado alguna señal de ser restrictivo”, a la vez que admitió como positivo que “los mercados ven a Uruguay como un país confiable, hay muy buena información oficial y todo es cristalino”.

Los cambios en la tributación y la titulación generaron retracción e incertidumbre en el negocio, dijo Bruno, reconociendo que quienes están instalados y aplican la tecnológica vigente están logrando en sus tierras muy buenos niveles de productividad.

Desde el exterior hay muchas consultas, de medianos inversores particulares, pero son operaciones difíciles: “la escala les limita rentabilidades interesantes”.

Dijo que “el precio de la tierra mantendrá el valor” y que sería razonable, dado el antecedente de un estudio sobre valorización anual de la tierra (de 1970 a 2000), un promedio del 4% anual. “El negocio es más cauto, pero hacer producir la tierra es una inversión segura y hay señales positivas”.
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