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Antropofagia brasileña, bien al estilo tropicalista de los Veloso y Gil. El concepto es simple pero complejo: su significado podría ser “comerse a uno mismo” o “autocanibalismo”. Esa es la nueva propuesta de la cantante bahiana Daniela Mercury pero en un sentido metafórico y cultural, lejos de la sangre física y real. El término se hunde en las raíces de la historia de la intelectualidad brasileña, teñida del ritmo energético de la Mercury.

Su último disco –grabado en 2009– se llama Canibalia y lo presenta en la noche de este martes en el Teatro de Verano, a partir de las 21 horas.

El principal concepto de Canibalia es el de fusión, cosa que proviniendo de una bahiana hija de descendiente italianos y portugueses y criada en un barrio de clase media donde aprendió ballet en una academia y bailes africanos en las calles, no sorprende.

La tapa del disco muestra la cara de la cantante escondida detrás de una hoja de una planta tropical que semeja una enorme araña verde. El mensaje parece claro: lo humano queda invadido por lo natural, tanto lo vegetal como lo animal.

Mercury, de 46 años, vuelve a las raíces en el disco que declaró como “la síntesis de su eclecticismo”. Dentro de Canibalia hay varios homenajes explícitos. Por ejemplo, interpreta O que é que e a baiana tem?, una canción compuesta por Dorival Caymmi pero hecha famosa por Carmen Miranda. También hace un cover de la inolvidable O que sera, de Chico Buarque, y banda sonora de otro epígono de la cultura bahiana: la película Doña Flor y sus dos maridos, basada en el bahianísmo Jorge Amado.

Además, el disco posee canciones por ella y su hijo Gabriel Póvoas, como el éxito de radio Sol do sol, y This life is beutiful, con el rapero haitiano Wyclef Jean.

Hito brasileño
En un país como Brasil, donde lo cuantitativo se vuelve siempre superlativo, Daniela Mercury tiene varios récords para ostentar con orgullo. Por ejemplo, es la cantante con mayor cantidad de números uno en la historia de ese país, con catorce canciones en esa lista.

Además, fue la gran responsable de hacer conocer a nivel continental y mundial los ritmos del carnaval bahiano, hasta principios de la década del 90 en la sombra del hipermediático carnaval carioca. A mediados de los 90 la ‘marea bahiana’ tocó en Uruguay con grandes recitales veraniegos en la costa, en Kibón y en la Playa Brava de Punta del Este, donde O canto da cidade fue un himno. Hoy la propuesta de Mercury rinde homenaje al pasado, pero sin perder su energía intrínseca.
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