Un gorro fue la razón por la que Álvaro Froste, de 16 años, recibió un balazo en el pecho el domingo 28 de agosto. Siete días antes, a su asesino, un muchacho de 19 años, le fue sustraído un gorro en medio de una trifulca en las inmediaciones de Montevideo Shopping. El asesino declaró que compró un arma “por seguridad” y ese domingo la utilizó contra la barra enemiga, sin saber si Álvaro Froste era o no quien le había quitado el gorro. Los vecinos la calificaron como muerte anunciada y dicen que el miedo y la violencia campean en el barrio desde que los jóvenes “planchas” se reúnen en la zona.
Miedo a los forasteros
La bonanza económica ha permitido que los sectores bajos de la sociedad frecuenten los mismos lugares que las clases altas, y eso está produciendo más que roces