Catar, inmerso en una crisis diplomática con sus vecinos del golfo, entregó este lunes al mediador kuwaití su respuesta oficial a las exigencias de Arabia Saudita y sus aliados, que aceptaron prorrogar 48 horas el ultimátum.

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La respuesta fue entregada en una carta del emir de Catar, jeque Tamim ben Hamad Al Thani al emir de Kuwait, jeque Sabah al Ahmad Al Sabah. Su contenido no fue revelado. La misiva fue entregada en mano por el jefe de la diplomacia catarí, jeque Mohamed bin Abdulrahman Al Thani, al jeque Sabah, señaló un responsable del golfo.

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Mientras tanto, los habitantes de Catar compran verdura de Irán o Turquía, controlan hasta el mínimo gasto y renuncian a los viajes largos.

Es que los cataríes no tuvieron otra alternativa que adaptarse al embargo impuesto por sus vecinos del golfo.

Cuatro semanas después de que Arabia Saudita cerrara la única frontera terrestre de Catar, por la que circula la mayoría de las importaciones, el pequeño emirato consiguió evitar la escasez de alimentos. Turquía e Irán hacen llegar remesas de productos por vía aérea o marítima.

"El Estado encontró alternativas y el problema (de suministro) no se plantea a pesar de un leve aumento de precios que todavía podemos soportar", explicó Mohammed al-Chib, un funcionario de 48 años que hace sus compras en un supermercado de Doha.

Este padre de familia admitió sin embargo que se vio obligado a suprimir los gastos más superfluos. "Hemos aprendido (de la crisis) y consumimos según nuestras necesidades", señaló.

Tras el pánico de los primeros días de la crisis y el miedo a la escasez, la afluencia vuelve a ser normal en los supermercados y en las tiendas, donde ya se pueden comprar productos lácteos, frutas y verduras procedentes de Turquía e Irán.

Antes estos productos provenían sobre todo de Jordania, Siria y Líbano, por vía terrestre, cruzando Arabia Saudita.

Un habitante indio, que tiene una pequeña tienda en un barrio popular, lamentó por su parte el aumento de los precios. "Tras el cierre de las fronteras, los precios subieron, especialmente el de la rúcula, el perejil y la cebolla", dijo.

El embargo empieza a hacerse notar en el día a día de los 2,4 millones de habitantes de Catar, donde más del 90% son extranjeros. Muchos fueron afectados por las restricciones aéreas impuestas al emirato.

Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Baréin prohibieron a los aviones de Qatar Airways que sobrevolaran su espacio aéreo, lo que implica prolongaciones en algunos trayectos. Asimismo, las compañías de estos países suspendieron sus vuelos a Doha.

"El bloqueo es una pesadilla que esperemos termine pronto", se quejó Maya, una inmigrante libanesa, en alusión a los problemas que tiene para sus desplazamientos en avión. A su vez, un jordano contó que tuvo que pasar "seis horas en tránsito" en el aeropuerto de Mascate, para volar entre Amán y Doha. Pero lo más duro fue la decisión de hacer regresar al emirato a los ciudadanos cataríes que estaban en los otros países del golfo.

Un intento que data de varios años

Descontentos con el apoyo de Catar a los islamistas en general y a los Hermanos Musulmanes, en particular, y hartos del tono irreverente de Al Jazeera, sus vecinos del golfo hicieron un primer intento de cambiar la política de Doha años atrás.

En la cumbre de Riad en 2014, el joven emir Tamim ben Hamad Al Thani prometió, entre otras cosas, expulsar a las figuras islamistas acogidas en su país y atenuar la postura considerada agresiva de Al Jazeera.
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