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Confusión total. Con estas dos palabras se puede definir el clima imperante este lunes en el mercado financiero argentino, cuando debutaron las nuevas medidas del Banco Central para regular la compra de dólares.

Y es que, si bien Argentina tiene una larga experiencia en restricciones del mercado cambiario y en la existencia de tipos de cambio múltiples, ésta es la primera vez en que se aplica un sistema donde el permiso o el rechazo para comprar dólares al precio oficial se realiza sobre la base de una evaluación personal.

Uno de los entretenimientos de los argentinos desde esta mañana fue ingresar los datos personales en el simulador on line de la Administración Federal de Ingresos Públicos, para ver qué le respondía la autoridad regulatoria en caso de que uno quisiera saber si está en condiciones de comprar, digamos 50.000 dólares.

Cuando el sistema responde que la persona “presentaría insuficiente capacidad económica para realizar la operación cambiaria ingresada”, entonces empezaban a probar con cifras más chicas, hasta ver cuánto podrían llegar a comprar.

Se vio así que no queda totalmente claro el criterio de los “permisos”, porque dos personas con el mismo nivel de ingreso no necesariamente reciben la misma respuesta por parte del sistema. Esto es así porque el organismo recaudador de impuesto tiene en su base de datos la información de situación patrimonial, el historial de anteriores compras de divisas y los movimientos mensuales de compras con tarjetas de crédito y débito.

Además, los más suspicaces notaron que la AFIP, cuando rechaza una operación, da la respuesta en modo condicional (dice “presentaría” y no “presenta insuficiente capacidad”). La creencia en el mercado es que esta es una forma de quedar a cubierto de posibles juicios por daños en el caso de aquellos ahorristas que se consideran injustamente privados de hacer la operación.

Lo cierto es que la cantidad de dudas sobre el nuevo sistema es larga. El tema de los turistas en todo un capítulo. Son cinco millones los argentinos que todos los años viajan fuera del país, y no está claro en qué condiciones podrán viajar, ni qué tipo de comprobantes deberán presentar para que se les permita adquirir divisas.

Además, los primeros testimonios de quienes han intentado pedir aprobación para comprar dólares reflejan situaciones extrañas, como gente a la que no se le permite comprar ni un dólar a pesar de tener capacidad de compra. O de gente que tiene un rechazo por no tener actualizado el domicilio en el documento de identidad o por haberse atrasado en el pago de un impuesto.

Lo cierto es que, en medio de este panorama confuso, el movimiento del mercado cambiario fue muy bajo, se estima que un tercio del volumen de lo que se mueve en un día normal.

Las casas de cambio compraban dólares pero, en su gran mayoría, no vendían. Aducían que había ajustes que hacerle al sistema de aprobación.

Pero no sólo el mercado oficial estuvo quieto, ya que ni siquiera funcionó el del dólar “blue”, como se llama en la jerga bancaria al tipo de cambio paralelo. Escasez de “arbolitos” y “coleros” en el microcentro porteño y poca gente dispuesta a ofrecer dólares para la venta fueron la tónica del a jornada.

De todas formas, los veteranos del mercado financiero, basándose en las experiencias de los años ’70 y ’80, pronosticaron que si algo no va a faltar en esta nueva etapa de la Argentina es un vigoroso mercado paralelo. En pocos días, cuando quede algo más claro cómo funciona la nueva regulación, entonces aparecerán los precios y se sabrá exactamente cuánto será el “plus” que deberán pagar aquellos que quieran saltearse el riesgoso paso de ser rechazado en el mercado formal.

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