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Este jueves y viernes, dentro del festival de Cinemateca, se proyectará por Sigue sonriendo, de la georgiana Rusudan Chkonia. La película trata con la correcta dosis de humor y drama la historia de diez mujeres, en su mayoría pobres, que se presentan a un concurso de belleza para madres, cuyo premio es un apartamento y 25 mil dólares.

Chkonia, de 34 años, estuvo en Uruguay para presentar este primer largometraje de ficción. Antes de decidirse a hacer Sigue Sonriendo (Gaigimet), Chkonia dedicó su carrera profesional a hacer documentales enfocados en la realidad de ciertos sectores de la población de Georgia que quedaron relegados luego de independizarse de la Unión Soviética y, particularmente, a partir de una crisis separatista ocurrida hace menos de diez años, que dejó a casi medio millón de georgianos viviendo en refugios, hasta el día de hoy.

La cineasta contó que con sus primeros dos documentales se enfrentó primero a grandes desafíos económicos, y luego morales, que terminaron dejando las piezas terminadas en un cajón. En ambas experiencias, los personajes documentados le pidieron que no proyectara lo filmado, ya que temían que la exposición pública —especialmente la de las mujeres— les impidieran rehacer sus vidas. “Uno de ellos era sobre una chica a la que una mujer había prostituido, y la chica la mató. Pero para cuando el documental se había terminado de hacer, me llamó para decirme que se había casado y, como Georgia es un país bastante machista, ella le había ocultado su pasado al esposo. Me dijo que ya había sufrido lo suficiente, y que un documental así la haría sufrir nuevamente. Así que, aunque legalmente podría haberlo hecho, opté por no exhibirlo”.

Así fue que mientras filmaba uno de estos documentales, conoció a una refugiada, madre de varios hijos, que le contó acerca de un concurso de belleza para madres en el que estaba compitiendo. “La historia era terrible, pero a la vez tenía mucho humor, ella lo vivía también con humor, y pensé que eso sería perfecto para hacer una película”. El formato de ficción le quitaría los problemas que había tenido con las producciones anteriores.

Casi siete años más tarde, y luego de conseguir coproducción francesa, Chkonia filmaba la historia ficticia de un grupo de mujeres en situaciones desesperantes, que acceden a exponerse en un concurso de belleza absolutamente humillante e insensible, con la esperanza de tener una salida para ellas y sus hijos.

El contraste entre la pobreza y la desesperación, con el glamour barato y sórdido de un concurso cuyo slogan es “sigue sonriendo” están presentes toda la película para generar risas en medio de la angustia e indignación frente a una realidad que parece inverosímil.

La estética del largo parece de a ratos más televisiva que cinematográfica. Esto se hizo adrede, dice Chkonia, para transmitir la sensación de programa televisivo gran parte del tiempo. Pero su fuerte está sin dudas en el argumento y la construcción de los personajes que, si bien algo estereotipados, son fuertes y están bien construidos.

Hay una madre soltera de tres, promiscua y violinista prodigio que lucha, ya no solo contra las trabas sociales y económicas, sino con su propia inclinación al autosabotaje. Una mujer que vive desde hace 14 años con su esposo e hijos en un hospital, luego de haber sido expulsados de la región donde viven, se somete a que el jurado le pida que muestre “más emoción” cuando cuanta la historia de su bebé muerto por congelamiento. “Si bien todos los personajes son ficticios, en Georgia estas personas existen, son miles y pueden ser tus vecinas”, dijo Chkonia.

Sigue sonriendo se podrá ver este jueves 4 en el cine Alfabeta a las 21:30 y el viernes en Cinemateca 18 a las 17 horas.

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