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En noviembre, el gobierno anunció un cambio en el modelo de seguridad: la Policía recuperaba así la seguridad en las tribunas. Cuatro meses después, el jueves 27, el presidente de la República, José Mujica, echó por tierra el acuerdo y anunció que la Policía no custodiaría las tribunas del Centenario y del Gran Parque Central. Ayer, en una reunión que mantuvo con los presidentes de los clubes de Primera División de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Mujica dio otra vuelta de tuerca al resolver que la Policía regresará a las tribunas de todos los estadios.

“El fútbol precisa un sacudón”, había dicho el secretario de Presidencia, Homero Guerrero, el viernes, cuando explicó la decisión de Mujica de retirar a los policías de las tribunas. La decisión de Mujica produjo, sin dudas, un “sacudón” en la AUF. Entre el jueves y ayer, cuando el mandatario dio marcha atrás en su decisión de quitar a los policías de las tribunas, cambiaron cuatro cosas: renunciaron el presidente de la AUF, Sebastián Bauzá, y el Ejecutivo del fútbol uruguayo; la AUF se comprometió a aprobar el código disciplinario de la FIFA, con sanciones económicas y deportivas para los clubes cuyos hinchas participen en episodios violentos dentro de los estadios; no se pedirá cédula de identidad para comprar entradas para los partidos; y los clubes se comprometieron a trabajar con el Ministerio del Interior para comprar cámaras de seguridad de tecnología avanzada para identificar a los hinchas violentos en las tribunas.

Las idas y venidas
Las idas y venidas del gobierno en la política de seguridad en el fútbol se precipitaron en las últimas horas. Pero para entender el proceso, hay que remontarse a 2008. Ese año, los ministerios del Interior y Deporte firmaron un protocolo de seguridad con la AUF, que establecía, entre otras medidas, que los clubes “no distribuirán entradas gratuitas a particulares”, que “aportarán a la Policía información para identificar a los responsables de actos o de instigación a la violencia”, y, la más importante: “Cada club dispondrá de un equipo de apoyo a la seguridad de los espectáculos, integrado por personas debidamente identificadas que colaborarán en el ordenamiento de la parcialidad, antes, durante y hasta la evacuación final de los asistentes al evento y dependerá del coordinador de la seguridad de la institución”. En definitiva, el protocolo establecía que los clubes debían encargarse de la seguridad de los hinchas en las tribunas.

Desde 2008 en adelante, el protocolo fue objeto de múltiples violaciones. Cada vez que había una gresca importante, la vigencia y validez del protocolo estuvo sobre el tapete. Hasta que, en el último clásico por un torneo oficial, el 24 de noviembre del año pasado, hinchas de Peñarol protagonizaron una riña en la tribuna Ámsterdam que fue televisada para todo el país. No había policías en la tribuna.

Entonces, cinco días más tarde, el 29 de noviembre, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, presentó “un nuevo modelo” de seguridad en los estadios por el cual la Policía regresaría a las tribunas. El motivo: los clubes no podían hacerse cargo de los delincuentes vestidos de hinchas. “Recibimos nuevas directivas. No se necesitará orden extra para entrar en la fase de represión”, anunció Robert Yroa, director de la Guardia Republicana. Y la Policía volvió a las tribunas.

La medida tuvo corta vida. El jueves pasado, luego de un enfrentamiento entre barrabravas de Nacional y policías en la tribuna Colombes tras el partido con Newell´s por la copa Libertadores, Mujica anunció que decidió retirar a la Policía del Estadio Centenario y del Parque Central. Al día siguiente, el viernes, en conferencia de prensa, Guerrero dijo: “Del problema de la seguridad de los hinchas se deberá encargar el organizador del espectáculo. (...) El dueño del espectáculo es la AUF y eventualmente el equipo”. A su lado estaban Bauzá y los presidentes de Nacional, Eduardo Ache, y Peñarol, Juan Pedro Damiani. Luego de la conferencia, Damani declaró: “Ni Peñarol ni nadie se hace cargo de la seguridad en las tribunas”. Y Ache dijo: “La función de seguridad es indelegable en un Estado de derecho”. En definitiva, sobre el presidente de la AUF (“el dueño del espectáculo”) comenzó a recaer una enorme presión que, ante la merma de apoyo, terminó haciéndolo caer.

Tras la caída de Bauzá, Mujica se reunió ayer con los presidentes de los clubes y con representantes del ministerio el Interior y de Deportes. Allí anunció que la Policía retornará a las tribunas.

Ache explicó a la salida de la reunión que “el presidente, en los primeros cinco minutos, definió el marco conceptual con respecto a la relación entre el gobierno y el fútbol; dijo claramente que la razón de ser del gobierno es dar la seguridad y que no les puede pedir a los presidentes de los clubes que dirijan un ejército privado”.

A cambio, les pidió una condición: aprobar el código disciplinario de la FIFA. Los presidentes de los clubes se comprometieron a hacerlo esta semana, dijo Ache.

De todas maneras, esto no es una novedad. Bauzá, en la conferencia de prensa del viernes, ya se había comprometido a hacerlo. “Hoy vamos a reenviar el código disciplinario a todos los clubes para que la semana que viene se vote. Eso es solo una señal”, dijo entonces Bauzá.

La incidencia de Mujica
Los subsecretarios de Deporte, Antonio Carámbula, e Interior, Jorge Vázquez, aclararon que la medida de Mujica no incidió en la renuncia de Bauzá. Sin embargo, entre la medida del mandatario y la renuncia pasaron apenas cuatro días.

“El fútbol nunca se detuvo ni se detiene, ni el presidente tiene potestades para detenerlo”, agregó Guerrero el viernes. Pero el fútbol se detuvo y la AUF quedó acéfala. No lo detuvo Mujica, sino la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales que decidió que los jugadores no se presentaran a jugar el domingo, el partido entre Peñarol y Miramar Misiones, por falta de policías y seguridad. El presidente de la Mutual, Enrique Saravia, lo resolvió después de reunirse con Mujica, el viernes en Torre Ejecutiva.

El lunes, Saravia lanzó su diputación por un nuevo sector, el Espacio Celeste, dentro del Espacio 609, sector que lidera Mujica.

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