Municipales eligen si mantener la paz o volver a la guerra con Olivera
Los radicales de Adeom buscan quitarles el liderazgo a los comunistas
De pique no hubo tregua. Durante el primer año de mandato de Ana Olivera en 2010 la mala relación entre el sindicato de municipales y la Intendencia de Montevideo fue una constante. El panorama cambió un año después, cuando en las elecciones de abril cambió la correlación de fuerzas y el bloque radical perdió el timón.
A partir de ese momento se terminó el escenario de confrontación, porque la afinidad ideológica entre la cúpula del gobierno departamental y Adeom fue un cimiento para encauzar un nuevo relacionamiento que hasta ahora transcurre sin grandes sobresaltos. Tanto Olivera como el secretario general de Adeom, Camilo Clavijo, y el presidente Emiliano Planells, pertenecen al Partido Comunista de Uruguay (PCU).
Pero la tranquilidad que hasta ahora prevalece puede verse interrumpida porque volverá a estar en disputa la conducción del sindicato en las elecciones que tendrán lugar entre el domingo y el lunes próximo. El oficialismo es mayoría y tiene nueve cargos en el Ejecutivo, mientras que los radicales ocupan seis.
Los dirigentes Álvaro Soto, Aníbal Varela y Elena Lequio encabezan las listas opositoras que medirán fuerzas contra los moderados para intentar torcer la balanza y cambiar el rumbo. Si bien siempre van separados, estos grupos generalmente hacen alianza para radicalizar sus posturas contra la administración municipal.
Soto y Varela promovieron una huelga entre los funcionarios de limpieza cuando eran los conductores de Adeom en 2010. Su gestión al frente del sindicato estuvo marcada por los encontronazos con las autoridades municipales, al igual que había pasado durante la administración de Ricardo Ehrlich.
La acumulación de basura en la ciudad en 2010 determinó que la intendenta pidiera al Poder Ejecutivo decretar la esencialidad de los servicios cinco meses después de haber asumido. Desde el comienzo, Olivera tomó medidas drásticas y no cedió frente a ese grupo de trabajadores.
Ese fue el último dolor de cabeza, porque los decibeles bajaron desde el primer día cuando la corriente moderada (comunistas, emepepistas y frenteamplistas independientes) se hizo cargo del sindicato y Olivera logró alinearlos con la gestión municipal. Una de las primeras señales fue el consenso alcanzado para la firma de un convenio laboral después de 10 años, y que entre sus puntos incluye una cláusula de paz sindical por la que los trabajadores se comprometen a no afectar la salubridad de la población cuando se tomen medidas.
Desde el bloque radical se cuestiona la afinidad que el sector encabezado por Planells y Clavijo tiene con “los patrones” y el gobierno nacional. Ese punto también encabeza los argumentos y es un arma de campaña cuando se señala la falta de apoyo que han tenido en el último tiempo conflictos en sectores vinculados a la limpieza y el tránsito. En la vereda de los moderados, se hace valer la capacidad de sus dirigentes para negociar y acordar sin tener que aplicar medidas distorsivas, y se lo contrapone con el estilo combativo que caracterizó a la conducción del gremio en el pasado y que sepultó su imagen frente a la opinión pública.