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La ballena que varó ayer en Playa Capurro murió a pesar de los intentos de rescate. “Ella buscó el lugar donde morir”, dijo a El Observador Octavio Romano, quien dirigió el operativo en conjunto con el Centro Coordinador de Emergencias de la Intendencia de Montevideo y Prefectura Nacional Naval.

El animal había ingresado a la bahía de Montevideo por la mañana y se había atascado sobre una porción de arena en Playa Capurro. Vecinos lograron empujarlo y devolverlo al mar. La ballena nadó por sí misma alrededor de dos kilómetros hasta la refinería La Teja, donde volvió a encallarse en una zona rocosa.

El operativo de desvaramiento se inició a las 20 horas mediante dos gomones que cincharon al animal con cuerdas que se colocaron debajo de las aletas pectorales. “Había que tener muchísimo cuidado para no rasparla contra las piedras”, relató Romano. Se logró que flotara por sus propios medios pero, cuando se la intentó llevarla al canal de acceso al Puerto de Montevideo, la ballena empujó hacia la costa. “No se quería ir a alta mar”, afirmó el rescatista. Sobre la 1:30 de esta madrugada se resolvió retirarle las cuerdas. En ese lugar fue encontrada muerta.

Se trató de un ejemplar juvenil de la especie Minke, de 4,5 metros y 2.400 kilos.

Por primera vez se acordó que el cuerpo sea trasladado a la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República para su estudio y la determinación de la causa de muerte.

“No conoceremos la causa de varamiento”, apuntó Romano. Y explicó: “La tormenta pudo haber tenido que ver. Puedo haber sido sacudida en Argentina y haber llegado agotada. Además, estos animales no están hechos para apoyarse sobre nada sólido. Al estar sobre arena y rocas, sus órganos comienzan a colapsar”.

La ballena solo presentaba desprendimientos de la primera capa de piel, sin heridas de gravedad.

“No es una rareza que esto ocurra. Frente a la playa Pocitos y la bahía de Montevideo pasa el 90% de la migratoria de cetáceos hacia el sur de Argentina y hacia África”, dijo a El Observador.

A principios de este año, Montevideo registró un episodio similar. Un cachalote de 16,60 metros y 25 toneladas de peso llegó muerto a la playa Carrasco. Su retiro se prolongó durante tres días. Su cuerpo fue enterrado en el relleno sanitario de Felipe Cardozo, donde ya había sido sepultada una ballena austral en 2011.

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