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Favio Chávez trabajaba como técnico ambiental en el basurero de Cateura, donde van a parar los desechos de la ciudad de Asunción, la capital paraguaya. Cerca hay un asentamiento, en el que viven los recicladores que recorren cada día los desperdicios, y con los que Chávez colaboraba.

Tomando como base una experiencia que había desarrollado en su pueblo natal, Chávez, que también es docente de música, decidió iniciar una orquesta infantil en Cateura. Pero pronto se dio cuenta que iba a ser difícil conseguir la cantidad de instrumentos suficiente, además de que darle a esos niños instrumentos musicales podía obligarlos a tener que cuidar y comprometerse con un objeto más caro que sus propias casas.

Así, aprovechando el entorno y con la ayuda de un luthier, comenzaron a producir violines, flautas, saxofones, contrabajos y guitarras con los residuos del vertedero. Latas, cubiertos y baldes eran algunos de los elementos que tomaban de las montañas de basura, y que pasaron a producir arte.
"Creí que iba a ser una experiencia breve, y ya van once años", destacó Chávez a El Observador en su visita a Montevideo, donde la orquesta fue invitada por MP Medicina Personalizada para tocar en un evento para sus socios.

La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura –que tocó junto a Metallica en su gira 2014 por Latinoamérica, se ha presentado frente a figuras como Barack Obama o la reina Sofía de España, y es el eje del documental Landfill Harmonic– está abierta a todos los jóvenes que quieran participar.
Chávez recordó que la orquesta se inició con diez miembros, una cifra que hoy es de 300 niños y jóvenes de Cateura y otros barrios aledaños, que se acercaron al conocer el proyecto y descubrirlo como una oportunidad. De esos 300, llegaron a Uruguay 60 integrantes.

A lo largo de los años pasaron 600 músicos, e incluso algunos de ellos prosiguieron su carrera en el mundo de las artes.

"Para nosotros es una experiencia reconfortante saber que de la orquesta han surgido jóvenes que fueron becados y que hoy están estudiando música en la universidad, o que integran otras orquestas y grupos profesionales", dijo el director.

Actualmente hay 22 estudiantes becados, y el proyecto ha permitido también construir casas para las familias más vulnerables de los integrantes de la orquesta. Mientras, en Cateura se construye una escuela de música propia para continuar el rol de centro comunitario de referencia que el grupo ha generado en su período de trabajo.

Por otro lado, algunos de los integrantes de mayor edad están colaborando en el rol de luthiers, y ayudando a fabricar los instrumentos que utilizan.

El director destaca que el impacto del trabajo de la orquesta se reflejará sobre todo en el futuro. "Cuando nosotros comenzamos en Cateura no era la norma que los jóvenes fueran a la universidad, o que siquiera terminaran la escuela", contó Chávez. "Hemos puesto de moda el estudio, de música y de otras cosas, pero los efectos se van a ver con mayor nitidez a mediano y largo plazo".

La Orquesta de instrumentos reciclados de Cateura ha recorrido ya más de 40 países mostrando su trabajo y su música, y ha inspirado proyectos similares en otros puntos del planeta. Un ejemplo es el proyecto La música y el reciclaje, que trabaja con 80 niños en situación de riesgo de exclusión social de dos comunidades de Madrid, en España.

La banda logró incluso convertir la zona del basurero de Cateura en un atractivo turístico, debido a los visitantes (paraguayos y extranjeros) que se acercan a conocer el trabajo del grupo de Chávez y ver los ensayos de la orquesta, que se desarrollan cada miércoles.

De desecho a instrumento


Cuando comenzó el trabajo de la orquesta de Cateura, un luthier estaba a cargo de la fabricación de instrumentos. Ahora, además del especialista, colaboran jóvenes integrantes del proyecto.
Según su director, Favio Chávez, esto fomentó "una mejora en la calidad de los instrumentos".
William López, uno de los violinistas y luthier de la orquesta, contó a El Observador que su misión es la de recorrer el basurero buscando los materiales necesarios. Su violín está hecho con una asadera de pan, una lata de pintura, un tenedor y madera de pallet. López puntualizó que el sonido de su violín es más bajo que el de uno de madera, pero que por lo demás es idéntico, ya que el alma del instrumento (una pieza encargada de soportar la tensión de las cuerdas) es igual.
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