Brasil pareció imparable durante la era Lula, un mito para la izquierda. Pero en esencia siguió siendo el gigante débil y corrupto de siempre. La Copa del Mundo 2014 fue una alegoría de un nuevo derrumbe. Ahora, a seis meses de las elecciones nacionales, ni la cárcel terminará con Lula. Seguirá siendo un factor sustancial, en un país que está dividido y escéptico, porque aún no tiene rivales a su altura.
O gigante fraco
Un Lula victimizado seguirá siendo el eje político de Brasil, mientras no surjan nuevos líderes