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El viernes pasado ocurrió una coincidencia no habitual en EEUU. Las empresas petroleras y grupos ecologistas celebraron una misma decisión del gobierno estadounidense. La propuesta del gobierno de reducir el uso de etanol en la mezcla con combustibles fósiles como las naftas. La Agencia de Protección del Ambiente (EPA) propuso la baja que ciertamente no festejaron las empresas que apostaron a extraer etanol del maíz. Pero que también festejan los ganaderos y tamberos estadounidenses que se disponen ahora a empezar una nueva etapa productiva: el maíz barato ha vuelto. Ya está en el precio más bajo de los últimos tres años y con esta medida el descenso puede agudizarse.

La regla emitida el viernes pasado propone bajar en 16% el uso de etanol. De 18.150 millones de galones en 2013 a 15.210 millones en 2014. Un 16% menos de demanda de etanol para maíz significará una aceleración en la construcción de stocks y en la disponibilidad de maíz estadounidense para la exportación. El impacto de esta medida también ayudará a bajar algo más el precio de la soja.

La medida se toma en base a la misma normativa que hasta ahora propulsó el uso de etanol. El programa de Standares de Energía Renovable comenzó en 2006 y consolidó un aumento en la demanda por granos que ya se insinuaba. Estableció un cronograma de uso creciente de etanol con la idea de generar la autonomía energética de EEUU. Al año siguiente el Acta de Seguridad e Independencia Energética consolidó el impulso. El envión de demanda fue formidable. Y ya en 2008 el récord de precios de los granos generó cuestionamientos que se agudizaron hasta 2011, cuando el precio de los alimentos alcanzó un nuevo récord. El gobierno estadounidense fija anualmente las cantidades de biocombustibles que deben ser aportados a la red de estaciones de servicio. Durante los seis años anteriores fue un aliciente a la producción. Se suponía que el uso de etanol de maíz iba a ser complementado por cantidades crecientes de etanol de celulosa, hecho con deshechos vegetales. Pero las tecnologías no maduraron a tiempo. Solo se pudo usar grano. Y entonces llegó la sequía del año pasado y con ella una escasez inédita en EEUU. Los rodeos se achicaron ante el precio imposible del grano que constituye el alimento principal. Y mientras la producción de petróleo empezó a crecer en forma exponencial. De modo que luego de años de apretar el acelerador en el uso de granos para combustibles, la administración Obama pone el freno. Y lo pone cuando está terminando la mayor cosecha de maíz de la historia. Porque mientras todo lo anterior pasaba, con buenos precios y mejores expectativas, el área agrícola se expandió a gran ritmo en EEUU, el Mercosur y la ex Unión Soviética. La baja en la demanda coincide con un récord de oferta. En el mundo el salto productivo fue de 100 millones de toneladas. De 863 millones de toneladas en 2012/13 a 963 en 2013/14. Y EEUU lidera en el salto productivo. Produjo en esta cosecha 81,5 millones de toneladas de maíz más que el año pasado. Y ahora que tienen sus 355 millones de toneladas en los silos, el gobierno les avisa que el etanol será menos.

El resultado previsible es una fuerte baja del precio del grano que cambia bastante radicalmente la lógica del mercado internacional de granos que disfrutó una década explosiva y comienza una etapa con amplias áreas sembadas, y precios mucho más flojos.

La industria alcoholera estadounidense ha quedado conmocionada porque venía acostumbrada a que los mínimos demandados por el gobierno diera certezas que ahora se han transformado en dudas. Pero también sucede que sus argumentos ambientales también han sido rebatidos. Un reciente informe de la Agencia AP explicitaba los costos ocultos del alcohol elaborado en base a maíz y en cierta forma profetizaba lo que decidiría la EPA.

Fue decepcionante desde el punto de vista tecnológico el avance del etanol de celulosa en EEUU, no ha logrado producirse en forma económica y por lo tanto no llega a los volúmenes que la legislación estadounidense previó. En Europa no dan la batalla por perdida (ver despiece).

Detrás de la decisión estadounidense también está el fuerte ascenso en la producción y la baja en el costo de extracción del petróleo y el gas natural, que lleva a que el etanol haya quedado en cierta forma obsoleto. Y hay un segundo costo que bajará para ganaderos, tamberos, avicultores y porcinicultores: nafta más barata y raciones más baratas.

Los costos bajarán para la producción a grano en Uruguay también. El maíz que un año atrás estaba a US$ 300 por tonelada, puede caer por debajo de los US$ 200. La mayor disponibilidad de maíz bajará el costo de la alimentación animal en la ganadería uruguaya 2014 prolongando el buen momento de la lechería y dando un escenario interesante al uso de grano en la ganadería.

Pero la baja del maíz generará un efecto dominó. Presionará a la baja el precio de la soja. El año próximo el área estadounidense de soja crecerá, según algunas estimaciones en tres millones de hectáreas. De modo que la soja estará potencialmente acumulando cuatro grandes cosechas. La pasada del Mercosur, la recién levantada en EEUU, la próxima del Mercosur –que arranca con mucha agua– y la próxima de EEUU que tendrá bastante más área que la pasada. Es fácil suponer que la oleaginosa se despide de los precios que empiezan con cinco y se arrimará a los US$ 400.

También moderará el precio internacional del trigo, porque buena parte del cereal de invierno se usa para la alimentación animal y quedará arbitrado por el maíz. El trigo uruguayo dependerá de que persista la ausencia del grano argentino para mantener un margen atractivo.

Finalmente, en el mediano plazo moderará al precio internacional de lácteos y carne. La secuencia de impacto se observará primero en lácteos y en la carne de pollo. Luego en la carne de cerdo y recién en el largo plazo en la carne vacuna, que es el sector que más ha sufrido en la última década estadounidense una combinación de sequías y alto precio del maíz. Por razones biológicas, recuperar la producción de carne vacuna le llevará a EEUU mucho tiempo.

¿Esto quiere decir que vamos a un declive grave de los precios de los granos y carne en forma permanente? No necesariamente. Del otro lado está China. A la que producir un cultivo demandante de tierras de calidad y mucha agua no le resulta fácil. Con la producción topeada y una demanda por carne en veloz crecimiento las importaciones chinas se disparan. Por otro lado, Brasil reduce su área maicera.

La medida de EEUU tiene otras implicancias. Deja a contramano a Uruguay y Argentina que estaban apostando a aumentar la producción de etanol en base a grano.

Argentina elevará el corte mínimo de etanol con nafta del actual 5% al 10% en 2014 y según se supo a comienzos de noviembre que en 2015 el mínimo se llevará a 12%. Lo anunció Javier de Urquiza, director de Promoción de Energías Alternativas, según el periódico argentino El Litoral. Manuel Ron, presidente de Bio4 –primera empresa argentina en elaborar etanol en base a maíz destinado a la matriz energética–, indicó que en 2014 habrá en ese país 14 plantas con capacidad instalada de 850 millones de litros del biocombustible (lo suficiente para llegar al corte del 10%).

Aquí la apuesta de Alur también ha sido firme y explícita. América del Sur va en una dirección que América del Norte se cuestiona.

Caña de Castilla
La caña de Castilla es una planta muy usada en Uruguay como protector de cultivos hortícolas. Genera barreras compactas que protegen a las chacras del viento. Una vez que arraiga crece a una velocidad alta y se convierte en una planta invasora difícil de erradicar. Hasta ahora participaba de las actividad agrícolas como un soporte, pero puede pasar al centro de la escena: es lo que mejor ha funcionado como fuente de etanol de celulosa.

De eso está convencida la empresa Beta Renewables que inauguró el 9 de octubre en Crescentino, norte de Italia, la primera fábrica de gran escala de etanol de segunda generación a partir de residuos agrícolas y caña de Castilla.

Una planta que no es nativa, pero sí sumamente común y más que adaptada a las condiciones uruguayas, tiene chance de bajar el precio de la energía a nivel mundial sin impactar en el precio de los alimentos.

Peder Holk Nielsen, director de Novozymes, empresa danesa que está detrás de la tecnología aplicada, opinó que el nuevo sistema que emula el accionar de determinados hongos que extraen azúcares de la madera es un salto hacia adelante en los métodos de producción del alcohol y que esta tecnología sí convertirá toneladas de deshechos en energía utilizable. Su fábrica es capaz de producir 75 millones de litros al año y será una de las agroindustrias a observar de cerca a partir de ahora.

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