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Inimputable. El hombre que mató a su hija con un destornillador con el cual le infligió 50 cortes no cumplirá pena en el sistema carcelario, sino que ingresará al hospital Vilardebó porque no fue consciente cuando la asesinó.

El hombre de 46 años fue procesado como “autor penalmente inimputable de homicidio especialmente agravado”. En lugar de ser enviado a la cárcel, realizará un tratamiento psiquiátrico hasta que los médicos le den el alta y el juez a cargo autorice el egreso.

En estos casos, al igual que cuando la persona es procesada, se desconoce por cuánto tiempo estará internado. La diferencia es que cuando la persona imputable tiene sentencia se le fija un plazo de condena, en este caso por lo general no se establece un plazo de tratamiento.

El diagnóstico de la perito forense es que el homicida presenta una “ideación delirante”, producto de una “psicosis crónica de tipo esquizofrenia paranoide”, que lleva años de evolución sin tratamiento psiquiátrico.

“El periciado niega (haber cometido el crimen) aun frente a la confrontación, como un acto subsidiario a su enfermedad mental alienante”, concluye el psiquiatra.

De acuerdo a una investigación de estudiantes de Psicología y Sociología en 2009, la esquizofrenia es el trastorno más prevalente entre los internos inimputables que hay en el Vilardebó.

En el auto de procesamiento, el juez José María Gómez solicitó una Junta Médica Psiquiátrica del Instituto Técnico Forense que evaluará el estado mental del procesado.

“No estoy loco”
La muerte de la niña de 5 años, hija del procesado, ocurrió en la tarde del lunes 13. Cerca de la hora 16 el hombre fue a buscar a su hija a casa de la madre, con quien vivía, para pasar la tarde con ella.

En la noche el hombre llamó a casa de su expareja, lo atendió otro de los hijos que tenían en común. Lo notó agitado. El hijo le preguntó qué le pasaba, a lo que respondió que no tenía nada y que se quedara tranquilo que devolvería a la niña. Alertada, la mujer se tomó un taxi hasta la casa del hombre.

Al llegar lo encontró con la niña en brazos. “Le daba besos mientras la hamacaba en su regazo”, relató el juez. Él tenía la ropa ensangrentada y al levantarle el buzo a la niña vio los cortes.

La madre intentó agarrar a su hija, pero el hombre se negó a entregársela mientras insistía en que estaba dormida.

Un vecino llamó a la Policía. Al arribar el móvil cinco minutos después, ingresó un agente que encontró al hombre en la misma posición, con la niña en brazos e insistiendo que dormía, por lo que debió reducirlo. El hombre preguntaba por qué hacía eso. La menor fue trasladada al hospital Pasteur, donde intentaron reanimarla. Luego de 40 minutos constataron su muerte.

“Yo no estoy loco, a mí me quitaron a la niña y la metieron dormida...”, declaró el padre ante el juez.

No puede apreciar el ilícito
Al evaluar la situación, el juez Gómez afirmó que, aunque el fallo pueda ser modificado, en primera instancia se puede concluir que el autor del homicidio no pudo comprender el derecho ni pudo comportarse de acuerdo con esa comprensión.

El magistrado explicó que la inimputabilidad se da cuando “el sujeto sufre una perturbación moral que le impide apreciar el carácter ilícito del acto que cumple”.

Según el juez, la pericia resultó concluyente en cuanto a que el procesado no comprendió el alcance de la prohibición ni pudo dirigir su actuación”.
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