ver más

En feudos de los talibanes de Al Qaeda, como Pakistán y Afganistán, los yihadistas del Estado Islámico (EI) empiezan a seducir a algunos radicales islamistas y la pregunta es si estos dos países podrían convertirse en los próximos objetivos del EI.

Lejos de su califato de Irak y Siria, el nombre del EI apareció en varias ocasiones estas últimas semanas en ambos países, donde al menos cinco comandantes talibanes paquistaníes y tres afganos de rango medio mostraron su apoyo a los yihadistas.

En Pakistán se distribuyeron panfletos en el norte del país para unirse al EI, mientras que mensajes favorables a este grupo sunita radical aparecieron en los muros de varias ciudades afganas, especialmente en la universidad de Kabul, donde se arrestó a varios estudiantes por ello.

Según todas las fuentes consultadas por la AFP, se trata únicamente de iniciativas locales y limitadas, ya que el EI por el momento no cuenta con una red en la región.

Sin embargo, sus éxitos ya representan “la principal fuente de inspiración de los grupos islamistas de la región, violentos y no violentos”, señala Amir Rana, especialista paquistaní en cuestiones de seguridad.

“Los éxitos del EI son una peligrosa inspiración para Pakistán, donde más de 200 grupos religiosos se encuentran activos”, señaló preocupado a mediados de octubre el gobierno paquistaní en una nota enviada a los servicios de seguridad interior.

Estas preocupaciones llegan cuando el Ejército paquistaní parece haber conseguido debilitar fuertemente a su principal enemigo interior, los insurgentes del Movimiento Talibán Pakistaní (TTP), y a sus aliados de Al Qaeda.

Posteriormente, el TTP se dividió en facciones rivales, lo que alimenta el rumor de una posible integración con el EI.

Solidario con Al Qaeda y el EI, el TTP dice que envió en estos últimos años a 1.000 combatientes para apoyar estas organizaciones en Siria, estimación confirmada por una fuente gubernamental paquistaní.

Competencia de Al Qaeda

Si un día desea extenderse a Pakistán, único país musulmán dotado de bombas atómicas, y a Afganistán, el EI deberá desafiar o pactar con los talibanes y con Al Qaeda, frente yihadista dominante que solo reconoce a un líder religioso, el mulá Omar, jefe de los talibanes afganos.

“Solo puede haber un comandante de los creyentes y este ya está escogido”, señala un alto responsable talibán afgano, quien rechaza así la autoridad de jefe del EI, Abu Bakr al Bagdadi, que se atribuyó el mismo título.

Los talibanes, Al Qaeda y el EI evitan hasta ahora criticarse mutuamente. No obstante, Al Qaeda anunció la creación, a principios de setiembre, de una filial en el subcontinente indio, lo que aumenta la competencia.

Para extenderse, el EI deberá atacar también la autoridad de los Estados, tarea casi imposible actualmente en Pakistán, que cuenta con un ejército fuerte y activo contra los yihadistas.

Afganistán, frágil, preocupa más, y especialmente en Kunar y Nuristán, provincias montañosas del noreste fronterizas con Pakistán. Este enclave alberga desde hace años a los yihadistas salafistas, rama fundamentalista del islam seguida por Al Qaeda y el EI.

“El temor de las autoridades es ver al EI unirse al TTP y a otros movimientos yihadistas radicales”, asegura Amir Rana. Según fuentes coincidentes, Kunar cuenta con al menos un campo de entrenamiento con varios cientos de combatientes próximos al EI y a Al Qaeda.

El grupo EI podría igualmente seducir a los jóvenes afganos y paquistaníes, incluso a los más formados, a través de su eficaz propaganda en las redes sociales.

“La gente de aquí lamenta la falta de justicia, la corrupción y la ineficacia de los Estados, y quieren escuchar un discurso alternativo. El EI se lo aporta, con referencias religiosas, y seduce cada vez a más jóvenes”, indica a la AFP Tahir Ashrafi, presidente del consejo de ulemas (dignatarios religiosos) de Pakistán.

En este país, una de las principales preocupaciones es que los yihadistas sunitas del EI exacerben la violencia interreligiosa contra los chiitas, que ya batió récords estos últimos años.

A modo de ejemplo, en Karachi (sur), un ataque con granadas contra un grupo chiita, cerca de una mezquita, dejó el pasado martes nueve personas heridas, entre ellas, un niño de 18 meses que finalmente falleció.

Seguí leyendo