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El Papa Juan Pablo II, que no ha hablado a sus fieles en casi dos semanas, se tomó este sábado un día de descanso mientras la iglesia católica mantenía una vigilia silenciosa como parte de sus preparativos para el Domingo de Resurrección, cuando el Pontífice deberá bendecir a la muchedumbre congregada en la Plaza de San Pedro.

La falta de Juan Pablo en la procesión que recrea el paso de Cristo hacia el Calvario fue la más reciente de una notable serie ausencias del Papa en las principales ceremonias de la Semana Santa, en que el Pontífice solía participar de manera destacada, tales como la misa del Domingo de Ramos y el ritual del Jueves Santo.

El Papa de 84 años habló por última vez en público el 13 de marzo, cuando leyó breves saludos desde su habitación del hospital poco antes de regresar al Vaticano, para continuar su convalecencia allí tras haber sometido a una traqueotomía.

El silencio y la brevedad de las apariciones han alarmado a quienes temen que el Papa no se haya recuperado bien de sus quebrantos de salud más recientes. Juan Pablo sufre del mal de Parkinson desde hace años.

Sin embargo, el Papa apareció de espaldas y en silencio mientras miraba

por la televisión una transmisión del Vía Crucis, y las cámaras nunca enfocaron su rostro.

"Ofrezco además mi sufrimiento, para que se cumplan los designios de Dios y Su palabra camine entre los pueblos", dijo el mensaje. "En estos momentos me siento muy cerca de aquellos que padecen la prueba del sufrimiento. Ruego por cada uno de ellos".

(AP)

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