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La decisión del Comité de Política Monetaria (Copom) adoptada ayer de aumentar la tasa de interés de referencia en un cuarto de punto porcentual tomó por sorpresa a los expertos privados, que esperaban que las autoridades mantuvieran el rumbo ante la encrucijada de una inflación elevada y un deterioro de la competitividad regional.

Las autoridades dieron un claro vuelco de la política monetaria y apuntaron todas sus baterías al control inflacionario, al costo de una mayor apreciación de la moneda local y una pérdida de competitividad más pronunciada, especialmente con relación a la región.
En su reunión trimestral, el Copom resolvió aumentar un cuarto de punto porcentual la tasa de interés de referencia a 9%, la más alta desde junio de 2009.

“El recrudecimiento de las presiones inflacionarias externas y el sostenido consumo doméstico obligan a focalizar la preocupación en la estabilidad de precios internos”, señalaron las autoridades en el comunicado difundido al término de la reunión.

Respecto al crecimiento de la economía, los integrantes del Copom se mostraron satisfechos con su evolución durante el segundo trimestre. A pesar de la desaceleración de la expansión económica –el crecimiento interanual en el trimestre se moderó de 4,2% a 3,8%–, las autoridades señalaron que “la economía uruguaya sigue creciendo a tasas razonables, principalmente considerando la desaceleración que está teniendo lugar a nivel internacional”.

Expertos
En los últimos comunicados, el Banco Central había enviado un mensaje de equilibrio entre una política monetaria contractiva
–que busca poner freno a la dinámica de aumentos de precios–, pero con un ojo puesto en la competitividad a través del tipo de cambio. De hecho, en su reunión de marzo las autoridades decidieron mantener incambiada la tasa de referencia.

Según dijo a El Observador el analista Alfonso Capurro, de la consultora CPA Ferrere, “desde el punto de vista cuantitativo, una suba de la tasa de cuarto punto no es dramática, pero la señal es muy importante porque inclina la balanza para el lado del control de la inflación”.
Al cierre de agosto, la suba del Índice de Precios al Consumo se ubicó en 7,48% en términos interanuales, casi un punto y medio por encima del rango meta oficial de entre 4% y 6%. Las expectativas de los analistas privados, sin embargo, no convergen a la tasa objetivo y para los próximos 18 meses, aguardan una inflación todavía superior a la meta del gobierno.
Según Capurro, la decisión del Copom “indica que el Banco Central está dispuesto a pagar el ajuste en términos de tipo de cambio”.

Si bien en el largo plazo una suba de la tasa de interés de referencia busca afectar las decisiones de consumo e inversión a través de un encarecimiento del crédito y un mayor premio al ahorro, en el corto plazo promueve el ingreso de capitales y el pasaje de dólares a pesos por parte de los agentes locales. Eso lleva a un tipo de cambio más bajo que debilita la competitividad.

Según evaluó el Centro de Investigación Económica (Cinve) en un informe difundido ayer, “la decisión de contraer la política monetaria no parece la más adecuada en el contexto actual de incertidumbre internacional y desaceleración del nivel de actividad”.

En el contexto regional, Brasil –principal socio comercial del país– mantiene una política opuesta a la del BCU con una baja sistemática de su tasa de referencia. Mientras que el país vecino defiende una producción más barata, en Uruguay se encarece.
Según los datos difundidos ayer por el BCU, el índice de tipo de cambio real cayó 2,8% en el mes de agosto en términos globales y 2,7% respecto a Brasil.

Para la economista Tamara Schandy, de la consultora Deloitte, se trata de una “señal tardía”. Según dijo a El Observador, en el pasado la política monetaria tuvo un sesgo procíclico –con tasas bajas cuando la economía crecía de forma acelerada–, aun en un contexto de inflación fuera de la meta.

Hoy el panorama es muy distinto. Para la experta, la suba de tasas “es consistente” con una inflación en los niveles actuales. Sin embargo, sostuvo que “debería acompañarse con alguna señal de moderación de la política fiscal y salarial, que no parecen estar en la agenda”.

Por su parte, el economista Aldo Lema, de Vixion Consultores, señaló que “las “causas últimas de la pérdida de competitividad no obedecen a la política monetaria sino a la expansión fiscal, la prociclicidad en el gasto y el insuficiente ahorro privado”.
Sostuvo que la política monetaria debe abocarse al control inflacionario y que por la vía de la política salarial y fiscal, debe incentivarse la competitividad “para enfrentar tiempos más adversos”

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