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El sector de pediatría en el Centro de Salud de ASSE en el Cerro está casi nuevo. Los médicos dicen que la planta física es “envidiable”, que hay salas destinadas para trabajar con recién nacidos de alto riesgo y que si bien la sala de espera es un poco pequeña, está ordenada y se mantiene limpia. Pero eso no los hace sentir orgullosos.

“¡Esto debería funcionar impecable!”, exclama la pediatra Diana Sastre. “No hay ningún centro privado de la zona oeste que tenga esta infraestructura. Tiene puerta de emergencia, aparato de rayos...”, agrega. Lejos de lo “impecable”, la policlínica sobrevive con pocos médicos, pocos enfermeros, una farmacia desabastecida de medicamentos, un padrón de usuarios desactualizado y demoras de varios meses para acceder a especialistas.

Es un “caos”, resume María Alonso, otra pediatra. El Cerro para ella es sinónimo de “descoordinación y mala gestión”. Mientras habla con El Observador asegura que la sala de espera está repleta de personas que llegaron a las dos de la tarde a pesar de que hace semanas la médica atiende desde las cuatro. Nadie les avisó que el horario había cambiado.

Para los pediatras que trabajan allí, el problema en ese centro de salud, al igual que el de otras policlínicas periféricas, es que la priorización del primer nivel de atención en salud fue solo una promesa de la reforma sanitaria.

En 2008, cuando comenzó a funcionar el Sistema Nacional Integrado de Salud, muchos se ilusionaron. Ahora lamentan que el tiempo pasó y siguen sin estar dadas las condiciones para dar una “asistencia digna”.

Joselin, de 24 años, controla la salud de sus dos hijos en el Centro de Salud del Cerro. Para ella la atención médica es “muy buena”. Sin embargo, reconoce que muchas veces le dan hora para uno o dos meses después de lo que le indicaron. Y que una noche debió consultar de emergencia y la mandaron al Pereira Rossell porque no había un pediatra de guardia.

El correlato de lo que cuenta Joselin sin mayores sobresaltos es motivo de frustración para los pediatras. “En el primer nivel se deberían resolver el 80% de las consultas, pero muchas veces no lo podemos hacer por falta de recursos humanos y económicos”, lamenta Lilián D’Orsi, que hace 15 años trabaja en el Cerro.

D’Orsi explica que de acuerdo a las metas establecidas por el Ministerio de Salud Pública, los niños deben tener nueve controles médicos durante su primer año de vida. “Muchas veces eso no lo podemos cumplir. Una tiene que dar la cara y decirle a la mamá: ‘no tengo número’, o ‘no hay fecha para ecografía de cadera’”. La demora en acceder a los números sucede también con otras especialidades.

Hace dos años los pediatras del Cerro identificaron que sus usuarios tenían, según datos de Primaria, los peores índices educativos de Montevideo. Con los psicólogos del centro de salud elaboraron un proyecto para hacer allí una policlínica de dificultades de aprendizaje. También elevaron una propuesta para armar una clínica de obesidad. Nunca obtuvieron una respuesta.

Trabajar en el primer nivel de atención de ASSE implica cobrar la mitad que en el sector privado y muchas veces hacer las veces de enfermeros o de administrativos, resolviendo problemas que exceden lo técnico.

“Los médicos jóvenes no quieren hacer atención primaria porque es el trabajo más sacrificado y el peor pago”, advierte D’Orsi. Y si bien lo vuelve a elegir (“estamos comprometidos, nuestro compromiso es con estos niños”, alega), no quita que ya reclame un cambio.

Más de 50 pediatras de la Red de Atención Primaria (RAP) de ASSE se encuentran en esta situación. El 1º de febrero firmaron una carta en la que piden a las autoridades del organismo de salud estatal que tomen medidas para evitar el éxodo de sus colegas al sector privado. “Sabemos que esto se va a agravar: si no se toman medidas, la atención pediátrica en el sector público se va a restringir”, concluyen en la carta.

El viernes hubo una reunión entre el Sindicato Médico y ASSE para analizar este y otros problemas del sector público. Si bien se acordó instalar una mesa de trabajo con los pediatras para discutir el tema, los médicos advierten que hay un conflicto en puerta.

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