Pidió a sus dirigentes silencio para cuidar la interna
En los discursos de los últimos días insiste con un discurso unitario
“Dios tendría que levantarse de mal humor (para que Jorge Larrañaga pierda las elecciones internas del Partido Nacional)”, ha dicho con ironía el politólogo Luis Eduardo González. Y Larrañaga (Futuro Nacional) cree en Dios, pero además confía en el resultado de las encuestas y en su olfato político.
Las primeras le dicen que le lleva cierta ventaja a su competidor interno Luis Lacalle Pou (Todos) y que, por tanto, es el favorito para ganar las elecciones del domingo 1o de junio. El segundo le advierte que lo mejor es ir pensando en los comicios generales de octubre y que, si quiere superar al Partido Colorado y competir de igual a igual con el Frente Amplio, debe mantener la unidad de su colectividad y dejar bien claro que, de llegar a la Presidencia, abrirá las puertas a un gobierno que termine con ciertas radicalizaciones que perviven en la sociedad.
Es así que, mirando hacia adentro, Larrañaga ha ordenado a sus dirigentes que no contesten ninguna de las alusiones que puedan llegar desde las filas de Lacalle Pou y tiene previsto como paso inmediato al 1o de junio la convocatoria a los equipos técnicos de ambos sectores para diagramar un programa único de gobierno.
Además, los analistas políticos coinciden en que una fórmula presidencial Larrañaga-Lacalle Pou sería “muy poderosa” y, por eso, el exintendente de Paysandú pretende que la misma noche de las internas el hijo de Luis Alberto Lacalle acepte acompañarlo en la dupla presidencial al igual que él lo hizo con su padre en las elecciones de 2009.
Mirando hacia afuera del partido, Larrañaga ha señalado que, de ser electo presidente de la República, se reservará los ministerios de Educación, Interior, Economía y Relaciones Exteriores pero está dispuesto a compartir las demás carteras con el resto de los partidos.
Es decir, sin haber saltado aún la valla que se le presentará el próximo domingo –con la que se tropezó en las internas de 2009– a Larrañaga ya lo desvela octubre.
Porque fue en otro octubre, más precisamente en el del 2004, cuando Tabaré Vázquez le ganó la elección presidencial en un contexto en el que las relaciones internas en el Partido Nacional no eran las mejores.
Ayer por la noche estuvo en Colonia, donde Larrañaga insistió en que el 1o de junio no solo se elige el candidato único del Partido Nacional sino la alternativa que estará en juego en octubre primero y en el balotaje después. “Hay que tener en cuenta la dimensión fundamental del paso que se va a dar este domingo”, dijo.
Afirmó que hay que “terminar con el gobierno de partido” que está llevando adelante el Frente Amplio, –y que proyecta “malos augurios”–y que debe ser cambiado por un gobierno de “acuerdos en el que estén representadas todas las colectividades”.
“Yo ya di todo lo que tenía que dar. Estoy tranquilo”, dijo Larrañaga a El Observador y no da muestras de mayor inquietud aunque, como suele decirse, muchas veces la procesión va por dentro.
Por otra parte, el precandidato nacionalista tuvo palabras de apoyo para el exintendente de Colonia, Walter Zimmer, que se encuentra procesado por abuso de funciones.
Mañana, Larrañaga cerrará su campaña en Paysandú, el departamento donde nació a la vida política, y luego solo le restará esperar hasta el domingo 1o de junio cuando se lo verá festejar, a menos que al dios de los encuestadores se le ocurra tener una mala noche.