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La saga de Edward Snowden escribió esta semana un nuevo capítulo de ribetes cinematográficos. La errónea información de inteligencia acerca de que el exagente de los servicios norteamericanos viajaba en el avión de Evo Morales llevó a varios países europeos a cometer un atropello imperdonable contra el presidente de Bolivia.

Italia, Francia, España y Portugal le negaron el permiso de vuelo a su aeronave presidencial y, para rematar, lo retuvieron 13 horas en el aeropuerto de Viena por negarse a que le revisaran el avión. Lo bien que hacía Morales en negarse, por su parte, a quien le asistía el derecho internacional.

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La reacción de los presidentes sudamericanos no se hizo esperar. Reunidos en Cochabamba, en una cumbre de emergencia de la Unasur el jueves por la noche, condenaron el exabrupto de los países europeos, pidieron explicaciones y exigieron una disculpa pública.

Está bien, pero era de esperar una respuesta más enérgica. Después de todo no fue un error cualquiera: se puso en peligro la vida de un jefe de Estado de la región y el episodio dejó claro un desdén manifiesto, una muestra bastante palmaria de que los europeos no nos toman en serio.

Ante el hecho consumado, solo cabía llamar inmediatamente a consultas a los embajadores sudamericanos en esos países europeos e imponer sanciones tangibles, tanto diplomáticas como comerciales. Nada de eso se resolvió en la reunión de emergencia de la Unasur.

Y luego las ausencias, que fueron tan importantes como elocuentes. La de Dilma Rousseff fue acaso la más notoria. El horno no está para bollos en Brasil como para andar haciendo grandes declaraciones de soberanía regional, pero aún falta escuchar una expresión contundente de la presidenta brasileña respecto de este asunto.

Los presidentes de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Ollanta Humala, también brillaron por su ausencia. Y en el caso de Humala su falta se hizo sentir aun más, por ser quien ocupa actualmente la presidencia pro témpore de la Unasur.

Pero sobre todo el hecho puso en evidencia las dos Sudaméricas que se están perfilando a futuro. Estos tres países han formado recientemente, junto a México, la Alianza del Pacífico, un ambicioso bloque regional con miras a negociar con todo el mundo y que ha sido recibido con grandes expectativas tanto en Estados Unidos como en el viejo continente. Allí se lo ha presentado incluso como el futuro azote del Mercosur, al que los medios de prensa describen como un bloque congelado de gobiernos proteccionistas, encerrado en sí mismo y al que le será muy difícil competir con las economías abiertas de la nueva alianza. “La región se está dividiendo en dos bloques alternativos: el pro libre mercado Alianza del Pacífico y el estatista Mercosur”, tituló la revista The Economist en una de sus recientes ediciones.

Así las cosas, cabe colegir que tanto Humala como Santos y Piñera no juzgaron oportuno sumarse en este momento al acto de desagravio en favor de Morales y de condena a sus futuros socios desarrollados.

Finalmente a la cita de Cochabamba el jueves solo acudieron, además del anfitrión, Nicolás Maduro, Rafael Correa, José Mujica, Cristina Fernández y el presidente de Surinam.
No parece el quórum que uno podría esperar cuando se le va a exigir al mundo que nos respete y a dejar claro que no se va a tolerar más un atropello de esta naturaleza.

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