ver más

Faltaban pocos días para el balotaje de 2009, José Mujica estaba primero en todas las encuestas y a los publicistas de su rival, Luis Alberto Lacalle, se les ocurrió un manotón de última hora para revertir la tendencia. En las pantallas de los televisores comenzó a aparecer un niño de siete años y mirada triste –y con un inesperado y precoz interés por la política- que expresaba su preocupación ante la posibilidad de que un exguerrillero llegara a la presidencia de la República. “Mamá, ¿lo vas a votar?”, le preguntaba a una señora que se ahorraba su previsible respuesta. Desde la izquierda, el intento fue considerado como un remedo de las viejas prácticas políticas tendientes a dibujar cucos donde no los hay, sazonada con una presencia infantil para completar el golpe bajo.

El recuerdo de ese hecho viene a cuento para saber que la presencia de niños en las campañas publicitarias de los postulantes presidenciales no es cosa nueva aunque en este 2014 es el precandidato blanco Jorge Larrañaga (Futuro Nacional) quien con sus spots denominados “Charlas con el futuro” abrió un debate en las redes sociales que se prestó para expresiones de apoyo, de rechazo y, sobre todo, de humoradas varias.
En los avisos, una niña le pregunta a Larrañaga si, en caso de ganar él las elecciones, podrá ella tener más vacaciones; otro niño quiere saber por qué está permitido fumar marihuana en las calles pero no comer alfajores en las escuelas; y un tercero se preocupa por la situación del interior del país.

Uno de los resultados posteriores de esa publicidad fue la proliferación de comentarios en la red a favor y en contra, de sketchs editados con fines de burla –en donde adultos disfrazados de niños le hacen preguntas insólitas a Larrañaga- o de hastags de tuiter en donde los usuarios interrogan al candidato blanco sobre asuntos relativos al estado del tiempo, a la selección uruguaya o al sexo de los ángeles.

En el programa “Off the record” de NuevoSigloTV, Larrañaga habló acerca de la “polvareda” levantada por el aviso. “A mí me encanta sacarme fotos con los niños en los actos, le dedico especial atención a ese niño que está mirando con expectativa, con curiosidad porque salís en la televisión, merece la atención del político y a veces el político…bueno, porque no votan, casi que sigue de largo. Yo no paso de largo por los niños que están en los actos”, dijo al defender su propaganda.

En su cuenta de Twitter, el representante de Larrañaga en la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación (URSEC), Gustavo Delgado, defendió los spots sin mencionarlos directamente. “Fijate quién te critica en twitter y tendrás la medida de si acertaste o no con tu campaña #AcertamosMuchachada”, escribió.

Otros niños
Los publicistas saben que, como si se tratara de un medicamento, lo que preparan para mejorar la imagen de un candidato puede tener contraindicaciones. Y, cuando hay niños de por medio, las cosas son aún más complejas.
Es así que, mientras se difundía aquel aviso del niño preocupado por Mujica en la campaña de 2009, el publicista Roberto Laffluf –quien ahora está detrás de la propaganda de Luis Lacalle Pou- envió un correo interno a los dirigentes blancos en el que reconocía que la propuesta era riesgosa. “Esta línea de campaña es muy jugada. Estamos diciendo que si votan a Mujica se podrán arrepentir. Hay que tener argumentos sólidos porque nos van a preguntar a fondo sobre esta línea de comunicación, intentando ponernos en un plano desleal”, advirtió Lafluf.

También los colorados supieron echar mano a los niños para dar opiniones políticas. El caso más reciente es el del “coloradito” de Pedro Bordaberry quien volvió a aparecer en esta campaña electoral luego de tener un rol muy protagónico en la de 2009. El niño avisaba que los viejos votantes estaban volviendo al Partido Colorado y hacía supuestas llamadas telefónicas para captar indecisos. Junto a otros niños, pinchaba globos en los que se leía “Propuestas electorales”.

Más atrás en el tiempo, en la campaña de 1989, el colorado Jorge Pacheco tenía un spot en el que un niño aparecía paseando por la calle de la mano de su abuelo y le señalaba los carteles de distintos candidatos. “¿Y ese quién es, abuelo”, preguntaba frente a un cartel de Jorge Batlle. “Ese es el candidato de las grandes ideas, pero…”, sugería el abuelo. “¿Y aquel quién es?”, insistía el niño frente a un pasacalle de Luis Alberto Lacalle. “Ese es el candidato de los que ya lo tienen todo”, le informaba el hombre.

Los “moldes tradicionales”
Integrantes del equipo de la campaña publicitaria de Larrañaga dijeron a El Observador que con los spots de los niños se intenta mostrar al candidato hablando “en forma sencilla” a través de una publicidad “original y creativa”.
“La campaña salió de los códigos tradicionales de comunicación política a los que estamos acostumbrados en Uruguay. Y cuando algo se sale de los moldes tradicionales es lógico que se arme debate. Pero las repercusiones han sido algo muy bueno. El día en que lanzamos la campaña, Mujica estuvo con Obama, demolieron el Cilindro y Tabárez dio la lista de los pre seleccionados para el Mundial. Pero el tema de conversación es Larrañaga. Después cada uno sacará sus conclusiones”, dijo uno de los publicistas.


En las últimas propagandas del Frente Amplio, los niños aparecen mayormente recibiendo ceibalitas de manos de Tabaré Vázquez. El caso del nacionalista Lacalle Pou (Todos) es particular ya que, como adolescente, él mismo apareció en la televisión junto a sus hermanos, su madre y su padre Luis Alberto Lacalle en la campaña electoral de 1989 tras la cual el líder herrerista fue elegido Presidente de la República.

Temas:

Decisión 2014

Seguí leyendo