Natalia Martínez Bengoa tenía 22 años. Fue a veranear a Piriápolis y la madrugada del 19 de enero de 2007 fue a bailar al reconocido boliche La Rinconada. Ni sus amigos ni su familia imaginaban que sería la última vez que verían con vida a Natalia. Tras el fallecimiento, la Policía comenzó una intensa investigación, procurando determinar en qué condiciones falleció Natalia. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, un año después no se han obtenido resultados concretos.
"Las primeras 48 horas son las más importantes. Allí el personal está con todo el entusiasmo para tratar de encontrar una punta que nos lleve hasta una hipótesis segura. Además, durante este período el agresor está muy nervioso y puede equivocarse", explica Martínez.
Sin embargo, Martínez asegura que el paso de los meses no hace improbable la posibilidad de resolver el caso: "Se realizó un relevamiento de todo el entorno de Natalia. Ahora estamos aguardando el resultado de los peritajes y los análisis de ADN en base restos de piel encontrados bajo las uñas y una piola que aparecía en una de sus manos".
Aunque los interrogatorios fueron cuantiosos y extensos, para Martínez hay "alguien que no está dando toda la información" de lo que ocurrió esa madrugada en la puerta del boliche, dato que sería pilar fundamental para saber qué le ocurrió a Natalia.
A la trágica realidad de la familia Martínez, en julio de 2007 se sumó el suicidio del padre de Natalia, quien se quitó la vida justo el Día del Padre.
(Observa)